"Cuando sales para hacer el viaje hacia Itaca debes rogar que el camino sea largo lleno de aventuras... lleno de conocimiento"
El poema de Kavafis, que Llach convirtió en una obra maestra al ponerle música, es el mejor aliado cuando se trata de iniciar un viaje como éste. Nos vamos a Oriente Próximo, a los Territorios Ocupados por Israel en Palestina. Será nuestra Itaca, en la que es tan importante la meta como el propio viaje.
No sé ni siquiera si tenemos un objetivo concreto. Quizá, en todo caso, encontrar respuestas a nuestras propias inquietudes, conocer de primera mano (en la modesta medida que seamos capaces) una realidad que los medios de comunicación nos ofrecen muy distorsionada, sobre la que hay tanto ruido mediático que se hace necesario prescindir de intermediarios. Queremos ir, verlo con nuestros ojos y sobre todo, contarlo después. Todos los que vamos, las viajeras y viajeros que nos lanzamos a la mar como Ulises en busca de Itaca, tenemos algo en común: la curiosidad humana, el ansia de conocer, y sobre todo, el gusto de vivir. Con eso basta; para ir a Itaca los dioses no exigen nada más.
Prácticamente ninguno de nosotros nos conocíamos antes. Por distintas casualidades, dimos con una ONG que organiza viajes de turismo solidario: SODePAZ. Respondía a lo que cada uno buscaba, y todos contactamos con ella. Se nos convoca a un encuentro de formación en Alcalá de Henares, el primer fin de semana de junio. Allí nos conocemos en persona cinco de los ocho viajeros que iremos a Palestina un mes después. Los otros tres se incorporan más tarde, pero la química es la misma. Somos gente de paz, cada uno de un rincón diferente, tan distintos pero tan iguales. Y el viaje acaba de empezar, ya un mes antes de salir, lleno de aventuras y lleno de conocimiento.
Este blog no se hace por narcisismo. De hecho, ni siquiera importa decir quiénes somos ni lo que hacemos. Somos viajeras, somos viajeros. Nada más. El blog surge como respuesta lógica a los objetivos del viaje. Si lo que ansiamos es dar a conocer la realidad del pueblo palestino, que lleva más de sesenta años ocupado, lo mejor es estar en la red. Un blog, una web, algo de ese tipo te da "visibilidad". Nuestros ojos iban a llenarse de sus miradas, y debíamos encontrar el modo de ser el mejor altavoz para sus gritos. El grito de los oprimidos, el grito de quienes viven en un campo de refugiados, condenados a la caridad de las Naciones Unidas, a la limosna de las agencias de cooperación, el grito de quien no puede entrar en sus tierras porque una valla puesta por el invasor se lo impide... Sabemos que nuestros granos de arena no harán su playa, pero serán ocho granos firmes, como cantos rodados, que no moverán ni las corrientes ni las olas. Por eso hemos hecho este blog, para que quede por escrito, en nuestros textos y nuestras imágenes, lo que hemos visto, lo que está pasando allí. Para que, si lees esto, no puedas decir más que no lo sabías. Para que te animes a ir. Para que ellos mantengan viva la esperanza en nosotros.
Gracias a SODePAZ por organizarlo, gracias al ATG por la organización local, gracias a las ocho viajeras y viajeros que lo han hecho una experiencia inolvidable... y gracias al pueblo palestino que, una vez más, ha enseñado a estos ocho alumnos una lección de dignidad y supervivencia. A todos vosotros ¡Biladi!
Escrito por viajepalestina el 03/07/2010 16:45 | Comentarios (1)
Bueno, pues hoy es 3 de julio. Mañana, a las 10:10, salimos en vuelo hacia Tel Aviv, desde Madrid. Una vez alli nos recogerán desde el Alternative Tourism Group para hacer el recorrido previsto por los Territorios Ocupados. Concretamente Cisjordania (de cabo a rabo) como los Altos del Golan (con visita a una aldea árabe). Dentro de un rato salen, desde sus lugares de origen, los miembros del grupo: desde Sierra de Yeguas (Málaga), Zaragoza, Bilbao, Viana (Navarra), Madrid y Badalona. En Barajas nos veremos. Yo tomaré el avion de las 7:00 de la mañana Alicante-Madrid.
Son las 16.45...y la maleta sin hacer aun
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Pequeño traspiés inicial: el vuelo de Alicante sale ¡a las 8:30, en vez de a las 7:00!. No pondré aquí calificativos para esto, pero se me ocurren unos cuantos. Como es un blog de un viaje de grupo, no contaré los detalles personales de este percance, pero son para nota. Resultado: pierdo la conexion con el Madrid-Tel Aviv. Aparte de esto, sé, gracias a Alvaro, que el grupo inicia el viaje con normalidad. Y yo llegaré en otro vuelo a las 5 de la mañana. Buena hora para empezar la traca. En fin, la mala suerte de uno no debe afectar al grupo. Sólo son unas horas mas de espera. El proximo mensaje, desde la tierra de los Filisteos (espero). Paco
Escrito por viajepalestina el 04/07/2010 13:31 | Comentarios (2)
La primera jornada ha sido muy provechosa, pero agotadora. Hemos empezado visitando el campo de los pastores en Beit Sahour y despues la Iglesia de la Natividad, en Bethelem (Belén). A esta última (en la foto) se entra por una pequeña puerta, llamada de la humildad, porque obliga a agacharse para entrar.
Al final de la manana, una visita al centro BADIL, donde trabajan en tareas de sensibilizacion acerca del problema de los refugiados.
Nos recibe Basin Sbaih, responsable del centro Badil. Entre sus interesantes aportaciones, quiero destacar una, muy crítica acerca del papel de la UNRWA, cuya presencia actual sólo es visible en la donación (y poca) de ayuda humanitaria. Conforme avance el viaje, y visitemos diferentes campos de refugiados, podremos comprobar hasta qué punto es verdad esto que nos cuenta. Y la situación es extraordinariamente grave si tenemos en cuenta que, de una población palestina total estimada en 10,6 millones de personas, 7,1 millones son refugiados. Y de ellos, 450.000 se encuentran dentro de territorio ocupado por Israel, incluyendo el desierto del Neguev.
El Centro BADIL se encarga de fomentar las investigaciones y a tareas de sensibilización acerca de la cuestión de los refugiados. Cuentan con una unidad de información, otra en las Naciones Unidas, otra de apoyo jurídico que defiende los derechos de la población refugiada...
Terminamos la reunión muy tarde. Al menos ha sido muy interesante y hemos probado el café palestino, cuyas propiedades son casi milagrosas. Es chapapote en estado puro.
Ahora hay que reponer fuerzas. Una comida rápida de shawarma antes de la siguiente visita, que será al Tent of the Nations. Ahí va nuestra primera comida. Bueno, la verdad es que casi todas eran parecidas, así que ésta sirve de modelo. Aún no teníamos dinero local, así que nos tuvo que invitar el guía. Se nos hicieron las 4 para comer. Al final, esa acababa siendo la hora habitual, porque todos los días los tendríamos llenos de reuniones y visitas. Pero daba igual.
El Tent of Nations o Casa de las Naciones es una interesantísima experiencia de resistencia pacifica, no violenta, y por medios legales, del único grupo cristiano de la zona, cercado por asentamientos israelies. Nos recibe Daud Dassar, nacido en Bethelem y miembro de una familia cristiana. Nos cuenta que durante la dominación otomana la compra de terrenos por palestinos era muy frecuente, pero que, por desgracia, no se inscribían en el registro o bien lo hacían de modo incompleto (por ejemplo, declarando 1 dunum en vez de 100), para no pagar impuestos a los otomanos. En 1991, Israel declaró toda la tierra como estatal (en realidad, pertenece al pueblo judío, lo que es una medida clara de apartheid: imaginemos que en España la tierra fuera de los cristianos, por ejemplo). Ésta en la que estamos es la única colina que queda bajo control palestino, gracias a que los antepasados de Daud sí la inscribieron correctamente en el Registro de la Propiedad, y gracias también a que han resistido todo tipo de presiones para vender.
Entre esas presiones hay ataques con armas, amenazas, le han arrancado árboles (250 olivos)... ante lo cual nos plantea tres posibilidades: optar por la lucha violenta contra Israel, optar por la inacción (lo que lleva a la resignación y al abandono de las tierras: la huida) y la tercera opción, que es la suya: la resistencia no violenta, pacífica (la única cristiana, dice él), y empleando todos los recursos disponibles a su alcance... y no poca imaginación. Nos cuenta con una sonrisa que recibió la orden por la que se le prohibía levantar una casa. Pues bien, decidió hacerla bajo tierra, para no contravenir la ley. "Construir un puente entre la tierra y el pueblo... y también entre los distintos pueblos". Ésa es la filosofía. Y nos impactó.
Tent of Nations tiene prohibido el acceso a la red de distribución de agua potable, y a la de suministro eléctrico. Tampoco dispone (ni le está permitida) red de saneamiento. Porque, si le dejaran, su permanencia estaría asegurada, así que intentan por todos los medios hacerle imposible la existencia, para forzar su marcha. Sin embargo, ellos han organizado una serie de actividades para darse a conocer (mediante convenios y acuerdos con otros países e instituciones), para organizar actividades, especialmente un campamento, orientado a los chavales, donde se hacen jornadas de convivencia, estancias de media y larga duración, con ayuda de voluntarios internacionales (coincidimos con tres alemanes que están haciendo allí la prestación social como objetores de conciencia del servicio militar). El éxito está siendo notable, teniendo en cuenta lo modesto de la iniciativa: en 2009 recibieron la visita de 4.500 personas, y en este primer semestre de 2010 ya llevan 1.500 (y sumemos la nuestra: los ochos viajeros y viajeras, más el guía y el chófer). Cada uno de ellos, cada uno de nosotros, es una voz para denunciar esta injusticia ante el mundo. Sabemos que estar aquí nos supone ese compromiso, que aceptamos encantados.
Por si fuera poco, el enclave del Tent of Nations está rodeado de asentamientos de colonos judíos. Desde allí, cuando se acercan -por ejemplo para cultivar sus tierras-, les disparan. Como no pueden tener conexión a la red eléctrica, cuentan con unas placas solares gracias a la cooperación alemana, que les ha provisto de lo necesario para que tengan luz. Ante la injusticia, ellos optan por la autogestión y lo que ahora llaman el desarrollo endógeno, eufemismo que aquí quiere decir supervivencia.
En el campamento no se dispone de agua corriente, pero sí de un pequeño pozo. Es su única fuente de aprovisionamiento (aparte de la que puedan comprar a camiones cisterna, muchas veces agua de los asentamientos, a precio de oro). Al fondo, los colonos.
El responsable del centro nos cuenta una historia que debo escribir aquí tal como la escuché:
"En diciembre pasado, cuando íbamos a celebrar la Navidad, una de las mujeres del campamento me pidió permiso para invitar a una amiga suya, judía, que vive en el asentamiento vecino. No le pudimos pegas, aunque sospechábamos que podría traer problemas. La mujer vino, estuvo con nosotros todo el tiempo. Yo hablé de las carencias que teníamos, de nuestra falta de agua, de los problemas para eliminar las aguas negras, de la falta de luz...Ella escuchó en silencio, y al fin pidió hablar. Yo creí que iba a discutir conmigo, a darme sus argumentos, pero sólo acertó a decir, con un hilo de voz: "vosotros no tenéis agua aquí, pero quiero que sepáis que nosotros, allí enfrente, tenemos piscinas". La mujer había comprendido la injusticia que se estaba produciendo frente a su casa, y que los del campamento no éramos unos bárbaros sino gente común, pacífica. Al cabo de una semana, vino a felicitarnos el Año Nuevo. No es mucho, pero es un comienzo". Su serenidad en el relato me emociona. Nacho y no nos miramos: "esto tiene que ir al blog". Y aquí está
Un día intenso. Y esto sólo acaba de empezar.
Escrito por viajepalestina el 05/07/2010 21:13 | Comentarios (4)
Paco me ha dado permiso para poner aqui cuatro cosillas mas de este viaje. Nacho se pone a escribir. Aquí va la segunda jornada.
Ésta empezó bien pronto, justo despues de desayunar, con la visita al Health Work Comittee, donde charlamos con Juani, una madrileña casada con un palestino y residente aquí desde hace 25 años (pasando sus seis primeros en Gaza). No me sorprende que le hierva la sangre hablando del conflicto (cosas como que en los últimos tres años, 39 mujeres palestinas murieron de parto en Checkpoints esperando que el ejército israelí les dejara pasar o que ella lleve 7 años sin poder pisar Jerusalem), pero contrasta con la serenidad (que no resignación) que muestra el pueblo palestino ante las injusticias que viven dia tras dia soportando humillaciones y abusos.
Luego visitamos el Elderly Club de Beit Sahour, una residencia de día para ancianos, en la que diariamente atienden a entre 80 y 110 ancianos, potenciando la dignidad y el respeto hacia los mayores. Tenemos una reunión con la directora, y nos enseñan las instalaciones. Estamos un rato con ellas.
Sin duda lo más interesante, a la vez que duro, fue la visita al Campo de Refugiados de Aida (Aida Camp) en Bethelem (Belén). Paseando por las calles de éste, uno de los tres campos de refugiados de Belén, ves la situacion de los 5.000 refugiados que allí viven. El campo se establece en 1948, cuando sólo habia una tienda de campaña para cada cuatro familias. Diez años despues, La ONU sustituyó las tiendas por modestas viviendas, de una sola habitacion para cada familia, con un aseo en el exterior.
El campo esta cercado por el muro en dos de sus lados. Al principio, la ONU facilitaba ayuda humanitaria, pero hoy sólo se encargan de la distribución del agua. El campo cuenta con dos escuelas y con un centro de las Naciones Unidas.
Llama la atención la entrada al campo, un gran pórtico con forma de cerradurea bajo una enorme llave, que simboliza la llave que todos los palestinos guardan de su casa, de la que tuvieron que huir por la guerra de 1948-49. "Give us our freedom", en el murete.
Tras una pausa para comer y una visita por el centro de Belén, Issa, nuestro guia, nos enseñó los efectos del muro en primera persona: primeramente, una de sus tierras a la cual no puede acceder. Os preguntareis por que. Esta es la respuesta.
Es increible, tus tierras, las de tus padres, las que tanto has trabajado... cercadas, y a las que no puedes entrar cuando son tuyas. Aunque claro, esto es la seguridad y la democracia de la que presume el estado de Israel, y que sirve para que terroristas como Issa no puedan entrar a su tierra a recoger olivas, verdad Pilar Rahola?
Luego Issa nos enseñó otras de sus tierras, expropiadas y arrasadas para algo tan importante como es la construcción del muro, ese maldito muro que separa el mundo en dos. Por primera vez, sentimos que somos inferiores, que estamos excluidos, en un mundo que Israel intenta convertir en un infierno. Asi concluyó la jornada de ayer...
Escrito por viajepalestina el 07/07/2010 17:04 | Comentarios (0)
[Nacho]: Y hoy hemos ido a Hebrón. Despues de una reunión, hemos visitado la ciudad, que tiene asentamientos judios en el mismo centro. Una ciudad en la que viven 220.000 palestinos, donde se han instalado 400 colonos judios, y donde hay 1.500 soldados para "protegerles". Cuatro soldados por cada colono ocupante, no está mal no... En la ciudad hay zonas que los palestinos no pueden, siquiera, entrar. Los colonos les lanzan basuras, papel higiénico usado y todo tipo de porquería. Por eso colocan redes, pero como tienen tiendas debajo, y la mercacía en la calle para vender, los colonos les lanzan tambien vino o huevos con tal de mancharles la ropa, los zapatos o lo que sea que ellos venden. El objetivo de los colonos es lograr que los árabes de las tiendas de la planta baja se marchen.
La ciudad cuenta ahora con cinco asentamientos judíos en el centro, más otro, descomunal, en las afueras de la ciudad.
[Paco]: El 76'6 % de las tiendas del sector ocupado por los judíos ha tenido que cerrar. Los colonos, evidentemente, no compran a los árabes (salvo que sea mucho más barato, entonces sí), y los clientes árabes no pueden entrar libremente, así que los comercios han tenido que cerrar. Paseamos por la calle y parece que sea festivo. Pero no.
Numerosas calles están cortadas al tránsito de los palestinos, con barreras móviles como la de la imagen. Cámaras de televisión y un pusto de control vigilan que los palestinos (y los curiosos) no pasen al lado ocupado.
[Nacho]: Tambien decir que en esta ciudad el divertimento de los soldados israelies no es jugar al parchis, sino que consiste en disparar desde las torretas de vigilancia a las cisternas de agua que hay en los tejados de las casas de los palestinos. Gana el soldado que consigue el disparo mas abajo de la cisterna, para que se pierda la mayor cantidad de agua posible. Aqui podeis ver los agujeros de los que hablamos junto a la duenya de la casa.
[Paco]: La cercanía de los soldados es máxima. Y desde luego, cualquiera que vea las atalayas que han construido en los tejados, comprende que su presencia no sirve para proteger a los colonos judíos (que -conviene recordarlo- se han instalado ilegalmente, como okupas violentos), sino para controlar los movimientos de los árabes. Mejor no le hacemos la foto de frente, que esta gente no tiene sentido del humor:
[Paco]: Le pregunto a la dueña de la casa, con la traducción de Shadi, si pueden tener problemas tras nuestra visita. El soldado nos ha visto subidos a la terraza, sabe que hemos hecho fotos e incluso nos gritó que nos bajáramos de la parte más alta. Ella me dijo que muy probablemente irían a su casa un rato después, cuando ya nos hubiéramos marchado, para interrogarla. Que quiénes éramos, que qué hacíamos allí,... Es curioso, pienso que son las mismas preguntas que deberíamos hacerle a los soldados y a los colonos. Pero nos damos cuenta de que podemos causarles problemas, así que decidimos marcharnos cuanto antes. Pero ella me toma del brazo y me pide que me asome, que mire abajo. Entre los enseres y otras porquerías que hay, reconozco la chapa metálica de un depósito de agua. "No pasa nada porque hayáis venido -me dice-. No os preocupéis. Mira, el otro día vinieron, sin que hubiera ningún visitante, y arrojaron abajo el depósito de agua". La veo serena, con una mirada limpia, libre de odio, pero llena de determinación. Me recorre un escalofrío de admiración, y una gran indignación por lo que veo. No puedo contestarle. Sólo asiento y pongo mi mano en su hombro. No puedo estar ahí por más tiempo. Álvaro y yo tenemos un nudo en la garganta. Hay que bajar.
[Nacho]:Tambien hemos visitado la Mezquita de Ibrahim/Abraham, partida en dos (parte musulmana y parte judía), protegida por fuertes medidas de seguridad, asi como por checkpoints controlados por el ejército israeli, ejército que tambien patrulla por el templo.
Luego hemos ido a comer y, por primera vez, hemos llegado pronto a casa. En breves nos vamos a cenar y luego a ver el partido de la roja. Y es que, pese a todo, hay cosas que en todos lados son iguales, y aqui siguen a la selección tanto o mas que nosotros. "El futbol anestesia el parto mas doloroso" (by Paco).
Un saludo de los palestinos, y del que aquí escribe, Nacho. Mama, estoy bien, te quiero!
Escrito por viajepalestina el 07/07/2010 18:14 | Comentarios (2)
Ayer Paco y yo (Nacho) os dejamos cuando nos llamaban a cenar. En general, habia sido un dia bastante duro: en Hebron vimos cosas que nos dolieron y en con las que pasamos malos momentos. Sin embargo, este viaje se esta caracterizando por la montanya rusa de sentimientos que vives por momentos.
Os dejabamos ayer medio rallados, y entonces... se vino una cena increible. Risas, jolgorio, alegria... compartieron con nosotros este buen rato Milata, nuestra madre practicamente, y Schadi, nuestro chofer. La gente piensa o espera que los palestinos esten llorando, debajo de una mesa, hartos de vivir. Y sin embargo, de alguna manera, siguen luchando cada dia. Esto, en realidad, es una victoria para ellos: Israel no podra, nunca podra robarles las ganas de vivir, ellos, pese a todo, trataran de ser felices, y de hacernos felices a los que les visitamos.
Luego vino la otra victoria de la noche. La roja se metio en la final (aun no me lo creo) en un partidazo, en el que tambien reclutamos a Issa, a Jawad y a su mujer, a Jose (un italiano muy buena gente) y conocimos Erika, nuestra guia en Jerusalem. Tambien se apunto a la juerga Phil, un ingles. Que manera de cantar, de beber, de disfrutar. Menudo fieston. Entre canticos como "Es colono el que no bote", "Ese muro lo vamos a tirar" o el mas jaleado por Issa que fue "Esta noche quemamos Beit Sahour". Y claro, el "Alcohol, alcohol", que no falte. Y a eso de las doce y media (en Palestina hay una hora mas), llegamos al hostal, y Milata habia comprado mas birra, patatas y shawarmas! Menudo festival!
Ayer, las victorias, vinieron a pares. Y con tan buena gente, las victorias saben aun mejor. No perdais la esperanza en nada. Si ellos no la pierden, nosotros no tenemos derecho a rendirnos tan facilmente.
FREEDOM FOR PALESTINA!
Escrito por viajepalestina el 08/07/2010 19:41 | Comentarios (3)
Comenzamos la jornada camino de Jerusalén. Tres veces milenaria y santa también para tres religiones. El centro del mundo. Nos recibe Erika Jara, periodista destacada en la ciudad, que cubre información sobre Palestina para diferentes medios de comunicación. Nos acompaña al Alternative Information Center (www.alternativenews.org), donde somos recibidos por Sergio Yahni, director de programas. La situación política de Israel y de Palestina, así como la cooperación (tenue) entre instituciones de ambos lados, son las claves de esta reunión.
En Jerusalén, claro, es de obligada visita el kotel, el muro de las lamentaciones.
Según la tradición judía, único resto del Segundo Templo, de Salomón, a él van los judíos a lamentar la expulsión de la Tierra prometida, y la diáspora. Sus ruegos y rezos se escriben en pequeños retazos de papel que son colocados en los resquicios de los bloques que componen el muro.
Sobre el muro, en un nivel superior, la Explanada de las Mezquitas, lugar sagrado para los musulmanes puesto que desde allí el Profeta Mahoma ascendió a los cielos a lomos de su caballo, para regresar después de nuevo a la tierra. Dos templos, la mezquita de Al Aqsa y la Cúpula de la Roca, uno frente al otro, dominan la explanada, separados por una fuente para las abluciones menores.
Es un día eminentemente turístico, pero incluso así es difícil sustraerse a la provocación. En plena Vía Dolorosa, Ariel Sharon hizo construir su casa, al fondo de la imagen, coronada por una menorá y la bandera de Israel.
Recorremos la Vía Dolorosa, las estaciones del Via Crucis, jalonadas por tenderetes y puestos de souvenirs. Me viene a la cabeza el pasaje bíblico en el que Jesús desaloja a los mercaderes del Templo. En el lugar que simboliza la pasión, una miríada de tiendas impide reconocer casi las estaciones, marcadas en la pared con una placa de metal.
Al final, el Santo Sepulcro. Curiosamente, el único lugar sagrado que hemos visitado sin ningun tipo de control de seguridad.
Marchamos hacia el Monte de Los Olivos. Su ladera occicdental, la que mira a Jerusalén, ocupada por un cementerio judío, cuyos ocupantes serán "los primeros que ascenderán a los Cielos, el Día del Juicio". Frente a nosotros, el valle de Kidron, donde tendrá lugar la separación de las almas, tras el pesado de los corazones en la explanada de las mezquitas. Lo de menos es la verosimilitud del relato o la fe que uno tenga. Lo que impone es saberte frente al núcleo de las tres religiones. El lugar de referencia de la Humanidad durante los últimos 3.000 años. Ese lugar es el centro del mundo y el epicentro de la Historia. Sin Jerusalén, la Humanidad habría escrito un libro diferente. Y estamos allí, al atardecer. Es un momento mágico, un paréntesis en el recorrido.
Estamos agotados. Ha hecho mucho calor y hemos recorrido arriba y abajo buena parte de la ciudad vieja. Pero hemos visto cosas interesantes... y una sonrisa preciosa en la Explanada de las Mezquitas.
Escrito por viajepalestina el 21/07/2010 13:35 | Comentarios (0)
De nuevo en ruta a Jerusalén. El día hoy será mucho menos turístico. Aún no lo sabíamos, pero iba a estar cargado de emociones. La primera señal de que iba a ser distinto la tuvimos nada más iniciar la ruta. El checkpoint de Qilo, que separa Bethelem de Jerusalén en una apertura del muro, deberíamos atravesarlo en esta ocasión a pie. El día anterior lo hicimos en la furgoneta, sin descender. Sólo con enseñar los pasaportes. Hoy, sin embargo, la cosa tenía que ser diferente. Es la arbitrariedad israelí: nunca sabes el nivel de control al que vas a ser sometido. Puedes pasar o puedes no pasar. Puedes estar dos horas o cinco minutos. Nos demuestra que el objetivo, una vez más, no es la pretendida seguridad. Es desarticular cualquier posibilidad de que el estado palestino sea viable, de desestructurar la vida de sus habitantes, de volverlos locos, de desalentar sus desplazamientos, de animarles a que se queden en sus casas. En la imagen, Shadi -nuestro conductor, guía y amigo- le va a entregar los pasaportes al soldado del control, mientras otro, un judío falasha, nos apunta con una automática. Esperamos ante un cartel de bienvenida. Son hospitalarios, no cabe duda. No me resisto a sacar la foto.
Pie a tierra. Hay que pasar por el control. No tenemos ganas de reir. Empezamos a experimentar, aunque sólo sea por un momento, lo que sufren los palestinos a diario. Una humillación que les hace ser conducidos como ganado. Los israelíes tienen sus propias carreteras, libres de checkpoints, pero esta gente debe enseñar papeles, huellas dactilares y dar explicaciones cada vez que sale de su casa. Todos son (ahora somos) sospechosos para Israel. Y afrontan esta humillación (a nuesto guía le hicieron desnudarse en una ocasión; ya no viaja a jerusalén por ese motivo) con serenidad.No se oye una voz, un grito. Llevan el cinturón y los objetos metálicos (llaves, monedas) en la mano, para pasar con rapidez, expertos ya en este tipo de controles. Ahí van las fotos:
Eso sí, en el último tramo, un poster nos anuncia el turismo de Israel; es una imagen gratificante: una familia disfruta de la playa, con los restos de Cesarea al fondo. Enternecedor. A ambos lados, dos filas de personas. Los palestinos muestran documentación y ponen la palma en un detector de huellas dactilares. Nosotros, como internacionales, sólo el pasaporte. ¿La familia de la foto tendrá que poner sus huellas para ir a la playa? mmm...
Salimos del control, de nuevo enjaulados. Hemos avanzado cincuenta metros, hemos pasado por dos ruedas dentadas, un detector de metales y un control de pasaportes/huellas. Para nosotros es una anéctoda en el viaje. Para ellos, los que vivían aquí mucho antes de que el falasha de la metralleta supiera situar Israel en un mapa, es una humillante rutina. No hay ganas de sonreir. Bienvenidos a Israel.
Una vez pasado el trago, nos vamos a Jerusalén. Tenemos una reunión con el International Comitee Against House Demolitions, en Jerusalén Este. Nunca (repito, nunca) Jerusalén se contempló en tratado de paz alguno como ciudad judía. Ya la resolucion 181/1947 la consideraba un "corpus separatum", una especie de ciudad internacional. Israel invadió la parte oeste en 1948, y la parte oriental, mayoritariamente árabe y musulmana, en 1967. En 1980 aprueba una Ley Básica por la que la declara la capital eterna e individible del estado de Israel. Ajena al derecho internacional, emprende acciones unilaterales que son contrarias a toda norma y costumbre establecida.
El penúltimo capítulo de esta historia, es el progresivo aislamiento al que somete a la parte oriental. 36 asentamientos judíos (sí, 36) rodean Jerusalén Este. Además, por si eso no bastara, está el muro. Dentro, las órdenes de demolición son constantes. Funciona del siguiente modo: recibes una visita de una patrulla militar, en la que te entregan una orden de derribo. Tienes 72 horas para derribar tú mismo tu casa (da igual que el suelo sea de tu propiedad, en Israel el suelo pertenece al pueblo judío, así, en sentido vago). Si, transcurridas las 72 horas, no has derribado tu casa, vendrán ellos con un bulldozer para echarla abajo. Y en ese caso te pasarán una factura por los gastos ocasionados. ¿Con qué argumentos te tiran la casa? Bueno, siempre hay una obra menor en la vivienda que no tenía permiso (una barandilla que excede la altura permitida, una terraza cerrada...) y eso es así porque Israel no concede permisos de reforma a las viviendas de árabes en zonas potencialmente colonizables por judíos (que vienen a ser todas). Por lo tanto, la gente emprende -porque no le dejan otra opción- pequeñas reformas sin permiso, que serán la excusa para el derribo de TODA la vivienda (no la retirada de los elementos añadidos). Por supuesto este rigor es aplicable sólo a los árabes. Las colonias judías que se asientan sobre las colinas muchas veces carecen de permisos y licencias. Pero ahí no hay problema.
Normalmente cuando alguien recibe una orden de demolición, el vecindario entero se moviliza, y decenas de personas se plantan en la entrada de la casa a esperar al bulldozer. Dependiendo de la reacción, el ejército muchas veces desiste de derribar la casa, aunque la orden no se anula y la vivienda (y sus moradores) quedan a la espera de un derribo, que puede ocurrir en cualquier momento.
El resultado de esta política de apartheid es que la parte árabe tiende a despoblarse. Los primeros que se han marchado son los cristianos. Los musulmanes son más reacios. Ellos son el objetivo. Sobre una colina, el responsable del ICAHD nos explica la situación. Cerca de nosotros, un asentamiento judío se anuncia en un cartel como una urbanizacion de lujo. Muchos de ellos no tienen permisos de edificación. No los necesitan. Los que allí viven no pasan los checkpoints.
Junto a nosotros, un cartel ya descolorido por el sol anuncia la cercanía de "Nuevo Sion", un asentamiento construido con capital de un millonario judío canadiense. Al fondo, a la izquierda de la imagen, el muro corona la cumbre de la colina y separa los espacios árabes de las nuevas ocupaciones judías. Los solares que quedan alrededor de las viviendas árabes están protegidos como espacios naturales por Israel. Es sarcástico. La protección del medio (incluso aunque sea un terreno sin valor ecológico ni paisajístico merecedor de protección) como forma de expulsión de población, de evitar que construyan, como arma.
El mapa es estremecedor. En rosa, Jerusalén Oeste. Una línea verde discontínua marca las fronteras que debía tener según el Plan de Reparto de 1947: la parte oeste más el enclave del Monte Scopus, donde está la Universidad Hebrea de Jerusalén, fundada en 1929.
En color naranja, Jerusalén Este, ocupada por Israel en la Guerra de los Seis Días y anexionada a las dos semanas. Es (era) mayoritariamente árabe y musulmana. Rodeándola, en azul, los asentamientos judíos. Marcado con trazo rayado, el gran asentamiento E1 (el número indica que habrá más, claro), previsto al Este. Y el muro, siempre el muro, aquí en trazo amarillo, y los checkpoints (sólo dos: uno al norte y otro al sur. El bloqueo es casi total), y las zonas militares (en rojo, se cuentan seis de distintos tamaños en la imagen), y los espacios naturales (en verde, claro). Es la cartografía de la opresión.
Bajamos la colina y de nuevo el muro. El argumento de la seguridad, la necesidad de protegerse... de nuevo no hay ninguna gana de reir. "This wall must fall", "Only free men can negotiate"... todas las consignas, en todos los idiomas, gritan en silencio en esta ignominiosa pared. Tenemos ganas de tirarlo abajo.
Nos quedaba tiempo por la tarde en Jerusalén. Unas semanas atrás fue noticia la revuelta de judíos ultraortodoxos, los haredim, en un barrio de Jerusalén (o de Tel Aviv, no recuerdo ahora), porque una sentencia del Supremo obligaba a escolarizar a niños y niñas ¡juntos!. "¿Se puede entrar en Mea Shearim?" le pregunto a Erika. "Claro, yo os acompaño". Da gusto estar con gente tan decidida. Erika nos cuenta una anécdota que le ocurrió allí. Un día de lluvia, jarreaba sobre Jerusalén. Ella caminaba por el barrio ultraortodoxo. A un vecino el viento le arrebata el sombrero, que queda boca arriba, llenándose de agua. Ella se lo recoge y se lo acerca. Es una persona educada, un gesto natural. Todos lo hubiéramos hecho. ... pero olvidaba que era mujer.... y que había tocado aquel sombrero. El judío no le mira a los ojos. Sólo al suelo. Su mirada no puede cruzarse con la de ella. Está en peligro su alma. El judío señala al suelo. Hay que dejar de nuevo allí el sombrero. Erika entiende. No hay posibilidad de razonar, ni de hablar: son de siglos distintos, o de planetas distintos. Tiene que dejar el sombrero en el suelo. Al cabo de unos instantes, el judío se agacha, lo recoge, se lo pone y sin mediar palabra, se aleja. Su alma está a salvo. No ha mirado a Erika; no ha hablado con ella. Que le vaya bien en la otra vida. En esta no hará muchos amigos.
Me cuenta esto y aún tengo más ganas de verlo. Ya metidos en harina, vamos con todo. Prudentes, pero con decisión. Al fin y al cabo, hoy no llueve.
Y llegamos a Mea Shearim. El cartel no es muy acogedor: "Los grupos de turistas que pasen a través de nuestro vecindario ofenden gravemente a los residentes. Por favor detengan esto". Decidimos entrar, pese a todo, aunque siendo lo más respetuosos que somos capaces; iremos separados, no en grupo, sin hablar -o haciéndolo muy bajo- y sin detenernos a hacer fotos (se harán sobre la marcha, como salgan).
Ahí van las fotos:
Salimos de allí. Hemos atravesado una calle y regresado por la de detrás. Pero hemos retrocedido seiscientos años. Acabamos de regresar a la Edad Media. No hay periódicos (no leen periódicos ni reciben información del exterior; de internet ni hablamos). Informativamente, se nutren de los posters que tapizan las paredes de las calles, redactados por los líderes de la comunidad. Los haredim no trabajan. Se consagran a la oración... y a tener hijos (la media es de 7 por mujer). Viven de la subvención del estado, lo que los convierte en parásitos a ojos de muchos israelíes, y en general son bastante pobres. Tampoco son un conjunto homogéneo, ya que entre ellos a veces hay discrepancias teológicas, litúrgicas y políticas. Incluso de vestimenta (distintos sombreros, diferentes colores en las ropas indican también niveles de ortodoxia distintos). De hecho, se ven carteles de "Sionistas = Piratas del Mar", en alusión al reciente ataque a la flotilla. Esto es surrealista. Hay que mirar el reloj para confirmar la fecha. Sí, es julio de 2010. Pero no aquí.
Respiramos hondo. No ha habido ningún incidente durante el trayecto (creemos, aunque a María José le ha caído algo metálico en la cabeza; no le hace daño y no le damos importancia, parece casual ¿o no?). No obstante, la atmósfera era muy pesada, y necesitamos oxigenarnos.
Erika propone acercarnos aun barrio donde se están produciendo desalojos y demoliciones de casas. ¡Vamos!
Todos los viernes, y hoy lo es, hay una concentración en Jerusalén Este en contra de la demolición de las casas. Nos damos de bruces con ella. La cosa hace poco que ha empezado. Los manifestantes, la mayor parte gente joven de diferentes puntos de Jerusalén e Israel, algunos turistas y gente peligrosa en general, gritan consignas en hebreo contra la actitud déspota del estado de Israel, contra la demolición de las casas y contra los asentamientos ilegales. Varios policías y soldados impiden que entren a la calle donde se han derribado algunas casas los últimos días. La tensión va en aumento.
Se llevan a algunos manifestantes. Antes, han quitado el megáfono a una chica. Da igual lo que dijera, aquí no se puede ni expresar la rabia. Las palabras duelen, atentan contra la seguridad de Israel. Menos mal que llevaban otro megáfono.
Hablamos con gente de la zona. Normalmente no suele haber problemas. Salvo que se escape una piedra a un manifestante o un disparo a un soldado, claro. Es la proporcionalidad habitual. Nada nuevo. Las casas del fondo son ocupaciones judías sobre viviendas árabes desalojadas. Grandes banderas de Israel las delatan. Están orgullosos de haberse instalado allí. A mi espalda, un palestino desalojado explica su caso ante varios cooperantes internacionales, que toiman nota. Son, como nosotros, privilegiados porque están allí y podrán regresar para contarlo. Es nuestra obligación moral.
"El operativo está a punto de concluir. Los insurgentes han sido reducidos. Se ha garantizado la seguridad de los colonos. Israel es ahora un poco más libre y sobre todo más judía. Comuníquenlo al Estado Mayor. De todos modos, quizá convendría poner un poco más de muro por aquí, para evitar que regresen el próximo viernes. Corto y cierro."
Estas eran las peligrosas consignas que se gritaban ante los soldados. Ha terminado la jornada y podemos sonreir. Ahora necesitamos descansar y asimilarlo todo. Gracias Erika por la foto.
Escrito por viajepalestina el 21/07/2010 16:55 | Comentarios (0)
Hemos pasado esta noche con familias de Beit Sahour. Ha sido la última noche en esta ciudad. Nos reencontramos por la mañana todos juntos en la sede del Alternative Tourism Group. Hoy será un día duro, por el calor. El intenso contenido político de ayer será sustituído por la visita a uno de los lugares más singulares del planeta: Jericó y el Mar Muerto.
Pero hay que pasar de nuevo por el checkpoint de Qilo. Esta vez también a pie, pero la cosa va ligera. En el puesto donde se enseña el pasaporte, una soldado nos mira perpleja en esta ocasión. No necesita ver el pasaporte. Nuestras caras y ropas revelan que no somos palestinos. Nos hace un gesto rápido con la mano para que pasemos. Ni le interesamos nosotros, ni parece estar a gusto allí. probablemente, por su aspecto, esté haciendo sus dos años de servicio militar obligatorio (tres para los varones). De nuevo la arbitrariedad demuestra la falacia del argumento de la seguridad.
La ruta deja atrás el paisaje semiárido de Palestina. Se acerca el desierto. Hacemos una parada para ver la iglesia ortodoxa de San Jorge. Una conducción romana de agua, restaurada (abajo, a la derecha del cauce), nos recuerda la historia de este lugar, y que nos acercamos a la ciudad más antigua del mundo.
El monasterio-iglesia ortodoxa de San Jorge es uno de esos lugares donde los anacoretas se retiraban para acercarse a Dios. El cantil está poblado de oquedades. No cuesta imaginar a un asceta en cada una de ellas. La vista es espectacular. Los cruzados también se refugiaron aquí. El monasterio es del siglo XIX, pero la ocupación en la zona data de hace novecientos años. Apenas nada comparado con Jericó.
En el mirador, al menos, hay algo de sombra. Issa nos explica la historia del lugar.
Continuamos ruta. La carretera inicia un constante descenso. Llegamos a la cota del cero hidrográfico. Varios carteles, en inglés, francés, hebreo y árabe, nos recuerdan que acabamos de llegar al nivel del mar. Un dromedario pasea al niño de una familia que se ha detenido aquí como nosotros. Es un recurso turístico más. Qué lejos queda la jornada de ayer. Hoy toca turismo, pero eso también se agradece.
Sólo un control más y ya estamos.
Unas casas nos recuerdan que aquí también hay refugiados. Es un campo muy pequeño cercano a Jericó. Apenas es una decena de casas, pero es una decena de dramas. Y duele saber que además de toda su tragedia, permanecen invisibles a los turistas, que van al Mar Muerto en autobuses, ajenos a esta realidad.
A pocos metros de allí, cerca de Jericó,las ruinas del templo de Herodes. Descuidadas, sin vigilancia ni control, sólo les salva la escasa afluencia de visitantes.
Y a nosotros, la sonrisa de las niñas que vinieron a vernos desde la casa vecina.
En las inmediaciones, visitamos las ruinas del palacio de Hisham. Imponentes, se han rehabilitado con ayuda estadounidense a la Autoridad Palestina. Preguntaremos por esta ayuda unos días después, a un palestino de los Altos del Golán. Y nos dirá que cuando reciben ayuda de Estados Unidos, se sienten como el animal que es cebado para ser sacrificado después. No pudo ser más gráfico; quizá en estos momentos el pueblo palestino necesita más la soberanía de su tierra que la rehabilitación del palacio de Hisham. Quizá.
Los mosaicos están admirablemente recuperados.
Y a pocos kilómetros el teleférico que asciende al Monte de las Tentaciones. La vista merece la pena.
Bajo nosotros, algunos campos cultivados, sobre todo de palmito. Al fondo, la calima impide ver Jordania.
Vamos hacia el lugar en el que, según la tradición cristiana, Jesús fue tentados dos veces por el diablo. Hoy hay un restaurante y unas tiendas en la estación final del cable. Son las tentaciones de este tiempo. Si alguien viene aquí para encontrar las huellas de Jesús, debe hacer mucho esfuerzo.
Del restaurante, al final del cable, parten unas escaleras hasta el monasterio ortodoxo.
La subida agota, más aún con el calor. Cuesta imaginar las condicionesen las que vivirían los ascetas que se instalaban en los huecos delescarpe.
Dentro, la piedra en la que el diablo tentó a Jesús (primera y tercera tentaciones; la segunda fue en Nazareth)
El monasterio se encuentra junto a un abrigo
Y en las grutas, numerosos cuadros, exvotos y crucifijos ortodoxos. Tuvimos suerte. El monasterio estaba cerrado pero nuestro guía Issa consiguió que nos abrieran.
De allí, vuelta al teleférico y a comer al restaurante
El restaurante, claro, no podía llamarse de otro modo
Y la tienda anunciaba lo que vendría después:
Despés de comer, llegamos a la zona de baño de Qalya/Kalia, al noroeste del Mar Muerto. Hay otras, mucho más turísticas, con complejos hoteleros y balnearios. Ésta era más sencilla, pero suficiente. Un chiringuito arriba y la zona de baño abajo.
Las zonas de baño en el Mar Muerto son limitadas y están acotadas por balizas. En parte por seguridad del bañista, y en parte por seguridad internacional, ya que al otro lado queda Jordania.
Los altos contenidos en minerales (especialmente magnesio, bromo, sodio...) hacen de los lodos del Mar Muerto un producto que resulta beneficioso para la piel y el sistema nervioso. Hay que untarse bien, dejarlo secar quince minutos y después aclarar con agua (en la misma playa hay un caño con agua dulce, que sale ardiendo, claro). Detrás hay algunas duchas.
Aparte de eso, lo más destacado del Mar Muerto es su elevada salinidad. Casi diez veces la del Mediterráneo, hace que la densidad sea tan alta que la flotabilidad es máxima. La típica foto es la de la gente tumbada en el agua leyendo una revista, con los codos y tobillos fuera del agua.
Sobre todo, con lo que más cuidado hay que tener es con no mojarse los ojos, o con no entrar con una herida sin cicatrizar. La concentración en sales es tan alta que puede provocar graves daños en la retina. De hecho, está prohibido salpicar y tirarse agua unos a otros, así como zambullirse. No obstante, los fondos son tan irregulares, que es difícil no hundir una pierna y acabar con la cara mojada. El escozor es inaguantable.
Alguno se toma muy en serio lo de los lodos del Mar Muerto. Hasta gomina y todo.
Y de allí, furgoneta y a buscar el hotel. En esta ocasión cambiábamos de destino. Íbamos a Ramallah, la capital administrativa de la Autoridad Palestina. Por tanto, entrábamos en una de las "zonas A" de los acuerdos de Oslo, aquellas en las que la competencia palestina es plena (bueno, el ejército israelí siempre se reserva una cláusula de intervención, pero en principio se supone que todas las competencias son palestinas).
Y claro, otro control.
Cerca de Ramallah, una grúa al fondo nos recuerda que el muro no sólo es una realidad palpable, sino que se sigue levantando día a día, incluso seis años después de que la sentencia condenatoria de la Corte Internacional de Justicia, de 2004, obligara a Israel a la demolición del muro. No sólo se inclumple, manteniendo lo construido, sino que manifiestamente se ignora, levantando más y más kilómetros de apartheid.
Bienvenidos a Ramallah. Otra cárcel más para los palestinos.
Y así acabó el día. Hicimos turismo, sí, y hasta podría decir que nos lo pasamos muy bien ese día, pero la realidad es la que es, y de nuevo se nos vino encima en toda su crudeza. No hay Autoridad Palestina real, porque no hay posibilidad ninguna de soberanía sin libertad. Y, salvo que seas ciego, ves que la injusticia es constante. Y el argumento de la seguridad, de nuevo, se demuestra más falso que el beso de Judas.
Escrito por viajepalestina el 22/07/2010 12:06 | Comentarios (3)
Se acabó el turismo; hoy toca de nuevo trabajar de lo lindo. El día se organiza con varias reuniones de trabajo. La primera de ellas, con la Unión de Mujeres Árabes (Arab Women Union), fundada en 1980, cuyo principal objetivo es lograr la igualdad de la mujer en la sociedad palestina. No es un reto pequeño, no. Para ello organizan cursos de formacion, "mediante una postura nacionalistra y progresista", remarca. Plantean la lucha palestina de modo paralelo -pero junto con- la lucha de los derechos de la mujer. En las elecciones de 2006, fueron elegidas 50 mujeres de esta asociación como miembros de los diferentes Consejos. Una de ellas es alcaldesa de una pequeña ciudad. También apoyaron la campaña de la alcaldesa de Ramallah, aunque no pertenezca a la AWU, y participan en manifestaciones, animan la campaña BDS (boicot, desinversiones y sanciones contra Israel).
Es un asunto que nos interesa mucho. La realidad de la opresión israelí al pueblo palestino no debe hacernos olvidar la realidad de la opresión general que la mujer vive en el mundo, y muy especialmente en las sociedades musulmanas. La responsable nos da algunos datos, muy clarificadores: las mujeres palestinas no pueden viajar solas fuera del país, se ven muy desfavorecidas en el reparto de las herencias (a la mujer le corresponde 1/3, mientras que al hermano varón le corresponden 2/3 de la herencia de los padres), el divorcio también está en manos del hombre, que es quien lo solicita Además, en el caso de las familias cristianas, como el divorcio no les está permitido, deben continuar la convivencia incluso aunque no se soporten... y está el asunto de la poligamia consentida (aunque infrecuente, pero es legal) en la sociedad islámica. Hace referencia, no obstante, a que hay sociedades vecinas en las que la mujer aún está en peor condición, y partcilarmente menciona el caso de Arabia Saudí, en la que no se establece una edad mínima de la mujer para contraer matrimonio (los hay con niñas menores de 10 años). En Palestina, al menos, deben tener 15. Le preguntamos por su opinión acerca del hijab y otros tipos de velos. Entre los miembros de su junta directiva hay varias chicas empañoladas. La respuesta es clara: se trata de una opción personal. Para ellas el pañuelo se lleva si se quiere, como quien lleva vaqueros o una blusa ceñida. Ése no es el problema real que tienen. No puedo evitar recordar el atinado artículo de Agustín Velloso sobre este asunto, y cómo resulta absurdo que aquí nos preocupemos tanto de si llevan o no velo, en vez de atender verdaderamente la igualdad y la dignidad de la mujer, cada vez más convertida en un objeto en Occidente.
En ese momento la sala se va llenando de mujeres. Tienen una importante reunión (en la que renovarán cargos de la Asociación). Unas entran con hijab, alguna incluso con velo completo, aunque siempre la cara descubierta, pero la mayoría llevan el pelo al aire, y no pocas con vaqueros ceñidos, tacones y bien maquilladas. La mujer en esta sociedad se está transformando a una velocidad muy superior a la de sus leyes. En ellas y su lucha está la clave del éxito.
La segunda reunión, también interesantísima, será con miembros del Palestinian Hidrology Group. Aquí nos explican, con abundantes datos, cuál es la verdadera situación en el tema del agua. Que el Jordán es una cuenca estratégica, todo el mundo lo sabe, pero cuando conoces de cerca el control al que se someten sus recursos (superficiales y subterráneos), comprendes de inmediato que no habrá solución, ni verdadera soberanía palestina mientras no se garantice el acceso al agua a los palestinos.
Vista de una calle de Ramallah
Nos llama la atención en Ramallah la presencia de aguadores por la calle. No son exclusivos de aqui, claro (los hay en Marrakech, por ejemplo), pero aquí no tienen el carácter de reclamo turístico de otros lugares.
Tercera reunión: visitamos el local de ADDAMEER, una asociación de defensa de los derechos de los presos palestinos. Es una de las visitas con un mayor contenido político del viaje. Una muchacha polaca, nos explica que en Israel existe una figura legal llamada "detención administrativa", bajo la cual se puede estar indefinidamente, sin cargos y sin fecha para la celebración de juicio. Cualquier motivo puede justificar la detención bajo esta consideración. Incluso sin un motivo real, sino sólo con la sospecha de que alguien pudiera conocer a otro que a su vez pudo haber formado parte de algo... cualquier excusa es motivo suficiente para la detención... durante años. De nuevo la seguridad ante un enemigo tan difuso como es el terrorismo justifica cualquier acción, por extrema, injusta y antidemocrática que ésta sea. Ante la supuesta inseguridad del Estado, se contraataca con inseguridad jurídica.
Por la tarde, visitamos la tumba de Yassir Arafat. Nos sorprende que no haya control de seguridad. Sólo dos soldados, en posición de firmes, flanquean la tumba. Hasta nos hicimos fotos con ellos.
(ESTA ENTRADA SE ESTÁ HACIENDO... PACIENCIA)
Escrito por viajepalestina el 23/07/2010 13:33 | Comentarios (0)
Por la mañana, abandonamos Ramallah para ir a Nablús / Nablus. Es otra de las ciudades situadas en zona A de los acuerdos de Oslo. Esto quiere decir que vamos a otra ciudad-cárcel. Por tanto, el recorrido está plagado de controles. Mientras lo hacemos, podemos disfrutar de unas extraordinarias vistas de algunos asentamientos de colonos judíos. Bungalows de varias plantas, todos ellos con piscinas y espacios deportivos, centros comerciales, carreteras de acceso exclusivo (con puesto de control a la entrada, claro)... todo sería perfecto si no fuera porque están edificados sobre terrenos invadidos por Israel, y sobre los que hay innumerables resoluciones de las Naciones Unidas que exigen su devolución (empecemos por la 242/1967, por ejemplo).
Por si alguien anduviera empanao, y no se diera cuenta de lo que tiene alrededor, siempre está el cartel que, impunemente, anuncia "asentamientos". Ahí, que quede claro. Sin rubor.
Y cuidado, que el Gran Hermano vigila. Siempre, en cada curva, a cada momento, no te vayas a meter por el camino equivocado.
Hemos atravesado territorio C, de competencia israelí (y que representa el 75 % de Cisjordania), e ingresamos de nuevo en zona A. Estamos llegando a Nablús. El cartel sólo está en hebreo. En ese momento pienso que debería estar en árabe, quizá incluso sólo en árabe. Y le saco una foto, claro.
Y claro, control de pasaportes. Por cierto, no es una frontera reconocida internacionalmente, por lo que en teoría no estaríamos obligados a mostrarlo, al menos en un lugar donde el derecho civil no estuviera bajo la situación militar. Pero esto es otro mundo: es un territorio invadido. El invasor desoye a la comunidad internacional, y él mismo coloca los puntos de control, exigiendo a los locales y visitantes aquello que le parece oportuno (pasaporte, huellas, interrogatorios, ahora arriba de la furgoneta, ahora abajo, ahora detectores de metales...).
En estos controles no hay personal especializado, ni ninguna garantía jurídica. Son llevados a cabo, arbitrariamente, por un soldado de reemplazo. Nadie me puede asegurar que no me devuelva deteriorado el pasaporte, que se lo quede un rato más o menos largo, o que le arranque una hoja. En ese momento estás en sus manos. Más vale no pensarlo; al fin y al cabo, a estas alturas nuestros pasaportes han rodado más que un cromo repetido.
Y piensas ¿por qué tengo que estar justificando todo el tiempo si salgo de una ciudad o entro a otra, cuando Israel no da explicaciones de por qué ha invadido ambas? Su respuesta siempre es la misma: por la seguridad de Israel. Paradójicamente, en estos días los únicos que nos hemos sentido inseguros hemos sido nosotros cuando estábamos cerca de ellos, en sus controles de carretera y en los controles del aeropuerto.
Ahí estamos, en la foto de abajo, en manos de este tipo. Y eso que al menos, nuestra condición de internacionales nos garantiza una cierta seguridad (bueno, eso que se lo digan a los nueve internacionales que mataron en el Mavi Marmara, hace unas semanas). Quiero decir que para nosotros todo esto no deja de ser una molesta anécdota en el viaje. Para un palestino sin embargo, se convierte en una experiencia insufrible. Ellos tienen un pasaporte diferente, de color verde (el de los israelíes es azul). A nosotros sólo nos lo miran; a ellos les interrogan. Pueden hacerles que se desnuden, que se descalcen, que esperen durante horas... y eso para ir de una ciudad a otra, ambas árabes en territorio ocupado por Israel. Conviene no olvidar esto, porque si no, al final puedes llegar a creer que el estado palestino existe, y que realmente estás atravesando una frontera normal, en la que debes mostrar tu identificación como hacíamos antes en La Junquera, por ejemplo.
Unas veces son los militares; otras es la policía. Aquí lo civil y lo militar se confunde.
Por suerte, no hay contratiempos, más allá de la molestia y del tiempo perdido. Después de todo, conseguimos llegar a Nablús.
Allí nos reunimos con representantes de DARNA, una asociación que desarrolla varios proyectos de ayuda a la población local, muy especialmente en un centro de niños discapacitados, en el campo de refugiados de Askar. Allá que nos vamos.
El centro, establecido en 1991, recibió en un primer momento a los niños que habían quedado afectados por la primera intifada (1987). Con el tiempo, se encarga de todos los niños con discapacidad entre 3 y 18 años del área de Nablús.
Cuenta con ayuda de voluntarios de la zona, entre ellos muchos niños del campo de refugiados, que acuden al centro a jugar con los niños y niñas discapacitados. Nosotros nos quedamos un rato, mientras nos van enseñando las instalaciones, y jugamos al balón con ellos.
Queremos quedarnos más tiempo, pero nos indican que hay muchas cosas para ver hoy. Sólo un poco más
Es un espacio de esperanza, de ternura. Lo necesitamos. Necesitamos creer, como los gestores del centro, que existe un porvenir, y que estos niños deberían poder disfrutarlo.
"Llena tus ojos de miradas, para que a través de ellos, podamos ver lo que tú has visto", me dijo mi amigo Israel antes de marchar. Pero esta mirada no me cabe dentro. En ella encontré la ternura, la esperanza y la inocencia.
Unos chavales del centro nos ofrecen un baile típico. La actuación es improvisada, pero se notan las horas de ensayo. De nuevo es un momento especial. Saben que un pueblo que mantiene sus tradiciones es un pueblo vivo.
Y claro, hace falta guardar una foto de recuerdo (y qué bien bailaba el de la camiseta de rayas naranjas)
Niños y niñas nos iban siguiendo a todas partes, nos pedían las cámaras, jugaban con nosotros... what's your name?, nos preguntaban... y nos hicieron fotos
Y de ahí, a nuestro nuevo alojamiento, donde nos alojaríamos dos noches.
Dejamos las cosas y vamos a Nablús. Toca recorrido por la ciudad. Es la más grande de Cisjordania. Urbanísticamente no difiere de las que hemos visitado: un trazado irregular, las laderas urbanizadas... no hay rastros de una medina musulmana: busco adarves en vano, tampoco se ven plazas de arrabal, o puertas en las murallas. Desde luego, ni me molesto en adivinar la presencia de nuevos espacios urbanos, con ensanches residenciales, parques o avenidas. Es Palestina. Bastante tienen con existir. Las casas del fondo acogen a una comunidad de samaritanos, a quienes se les considera (y ellos mismos así se denominan) como los auténticos y primitivos judíos. Queremos visitarlos, pero la caminata se anuncia larga, y nos desaniman.
En una de las tiendas, un periódico local abre la edición con el resultado del Mundial de fútbol de Sudáfrica. Aquí se vivió como en España. A ver si subimos algún youtube.
Visitamos la ciudad vieja de Nablús, y probamos -aunque ya lo hicimos en Belén- el kinave (pronunciado kináf), un dulce típico de Nablús, sobre queso de cabra templado. Algunos hasta se echaron almíbar.
De regreso, continuamos recorriendo la ciudad
En un punto determinado, paramos. Algo llama nuestra atención al fondo
Con un poco más de detalle, se ve mejor. Las huellas de la violencia en Nablús son evidentes. Los años más duros fueron los que siguieron a la segunda intifada (2000). Entre 2000 y 2007, la situación en la ciudad llegó a ser insostenible. En este momento recuerdo la escena de "Nablús, ciudad fantasma", de Alberto Arce, en la que un grupo de soldados israelíes entran en un domicilio. La familia -sobre todo mujeres, jóvenes y ancianas- queda retenida. El soldado, de apenas dieciocho años, no tiene respuestas a las preguntas del periodista. Ni siquiera sabe muy bien qué hace allí, sólo cumple órdenes. Quizá fuera en esta casa. Quizá en la calle de al lado. Paseo por aquí y siento que estas paredes tienen mucho que contar.
Algunos rincones nos atrapan.
En el solar de detrás, había una vivienda que fue volada por un misil. Nablús ya no es la ciudad fantasma de hace seis años, pero caminar por ella y conocer su historia reciente resulta fantasmagórico
El día ha sido agotador, de nuevo. Debemos regresar a la casa donde dormimos, y esto significa que Issa, nuestro guía y amigo durante todos estos días, se debe marchar. No puede continuar el viaje. Para él los controles de las carreteras son peores que para nosotros. De ahora en adelante, sólo nos acompañará Shadi (el conductor, cuyo pasaporte israelí le permite una movilidad plena), y puntualmente algún guía local. A este tipo de restricciones, en Sudáfrica, se le llamaba apartheid.
¡Un abrazo, Issa! ¡Vamos, jóvenes!
Escrito por viajepalestina el 23/07/2010 14:40 | Comentarios (0)
Amanece un nuevo día en el parador de Nablús. La noche podía haber sido mejor, parece.
Detrás de la casa, el campo de refugiados de Askar. Se llama "New Askar Camp", aunque de new, tiene el nombre sólo. En realidad es un campo de la nakba, de 1948, construido por la Agencia de las NNUU para los Refugiados (UNRWA). Como en otras ocasiones, en este campo las Naciones Unidas sólo construyeron una pequeña habitación por familia. Con el tiempo, la necesidad de espacio ha obligado a los vecinos a ampliar las minúsculas casas que les hizo la UNRWA, de modo que ahora las Naciones Unidas no reconocen este campo y hay algunos aspectos que no quedan atendidos.
Hoy el campo es una aldea misérrima. 6.000 personas viven en este lugar. Las tasas de paro son altísimas, y las posibilidades de escapar a este destino son nulas. Si los palestinos son ciudadanos de segunda, los refugiados lo son de tercera... o peor. Las calles no tienen nombre, ni las casas tienen número. Es la negación de la existencia. Si no tienes nombre, no existes.
Subimos por la calle y vemos las huellas de nuevo de la violencia. La caída de un proyectil provocó aquí siete muertos -están las fotos; uno de ellos era combatiente, los demás civiles- y los impactos visibles en la pared, causados por la metralla. Como se puede apreciar, algunos tienen un diámetro de un palmo.
Coincidimos con un camión de las Naciones Unidas. Están descargando ayuda humanitaria: un saco de 10 kgs (arroz, harina, azúcar...) para una familia cada 4 meses. Ésa es la acción de las Naciones Unidas. Nos cuentan que para los palestinos las siglas UN no significan United Nations, sino United Nothing. No pierden el sentido del humor.
Continuamos caminando por el campo de New Askar, y vemos un consultorio médico (el consultorio médico) que lamentablemente no está en funcionamiento a pesar de estar casi terminado. La razón es que detuvieron al médico, por su parecido con un miliciano al que estaban buscando los israelíes. De momento, el médico está a la espera de juicio -como tantos otros, durante años- y el campo de refugiados carece m¡entras tanto de un facultativo.
La jornada hoy continúa por dos ciudades: la vecina Nablús, donde haremos una pequeña parada turística, y la ciudad de Tulqarm (o Tulkarem), donde veremos de nuevo el muro de la ignominia.
En Nablús visitamos una fábrica de jabones, en pleno centro de la ciudad. Son, junto con los dulces, el producto que ha hecho famosa a la localidad. Lo primero que nos llama la atención es la original manera en la que están dispuestas las pastillas de jabón para secarse, antes de ser empaquetadas.
El jabón se hace de un modo completamente artesanal, como en muchos pueblos de España: con aceite de oliva, sosa y agua. Se mezcla en unas tolvas que tienen en la planta baja, donde se remueve lentamente y al cabo de cuatro días se sube la pasta de jabón en cubos (a mano) a este primer piso. Allí se esparce en el suelo, que sirve de gran molde. Con un hilo impregnado en color rojo dos operarios hacen las líneas (como se marca una roza en albañilería, sacudiendo el hilo), y luego éste otro trabajador va marcando cada pastilla con el sello de la fábrica. A dos manos, con un martillo en cada una. Y no fallaba ni una.
El recorrido es agradable, y todos compramos alguna pastilla. Al fin y al cabo, pasaban los días y aún no habíamos podido casi hacer las compras obligadas.
Pero la visita turística ya estaba bien. Palestina no está para comprar souvenirs, y el día aún nos deparaba otras visitas de contenido mucho más político. Íbamos a visitar otra de las ciudades "A", otra de las ciudades-cárcel palestinas, en las que algunos ven el sueño de un estado palestino embrionario pero donde se nos demostraba, una y otra vez, que el resultado de los acuerdos de Oslo era una farsa, y dejaba una situación inoperativa para el desarrollo palestino ¿cómo puede ser autónomo un territorio en el que sólo algunas ciudades -que suman entre el 3 y el 5 % del territorio- son soberanas, todos los accesos están controlados por el invasor y encima éste se reserva el derecho de intervención en cualquier momento (y no sólo el derecho, sino que lo pone en práctica)? Entrábamos a Tulkarem.
La primera parada es junto a una carretera. Cuando en 2004 el Tribunal Penal Internacional condenó a Israel por la construcción del muro, obligó a su desmantelamiento. Israel, en un ejercicio de efectismo mediático, difundió imágenes de cómo el muro, en efecto, se estaba desmontanrto para cumplir con el fallo del TPI. Pero era una comedia: se desmontaron 8 kms de muro en los alrededores de Tulkarem... para construirlos de nuevo unos kms más allá, y ganar más terreno, englobando así el acuífero norte por completo. Los medios de comunicación picaron, y la imagen de Israel, de nuevo, fue en ese momento la de un estado generoso, que cedía ante los tribunales y se ajustaba al derecho internacional. Pura comedia. Pura manipulación. En la imagen, el trazado del muro antiguo, que se desmanteló.
y unos kms más allá, ganando más terreno para Israel, el nuevo muro de Tulkarem, el que no salió en los medios de comunicación, pero el que nosotros hemos visto sobre el terreno. Basta de manipulación. Que quede en la red para que todo el mundo lo vea:
Y con sus checkpoints incluidos. Éste tiene además lo que se llaman roadblocks, que son bloques de hormigón para que los vehículos entren haciendo "eses". A veces, según sean las órdenes que reciben los del checkpoint, los roadblocks cierran por completo el acceso.
Nos metemos en Tulkarem, en busca del muro, y llegamos a este punto (foto de abajo). La historia de este lugar es sobrecogedora: cuando los israelíes deciden construir aquí el muro, por su seguridad, resulta que algunas casas de Tulkarem quedaban muy cerca de éste. Así que, de nuevo por su seguridad, tuvieron que derribar algunas habitaciones, las más cercanas, como la que hay (mejor, había) en el primer término de la imagen, que amenazaba el muro. Sobre ella, se ve la puerta que daba acceso a la terraza, ya desaparecida.
La edificación del fondo, de tres plantas, pertenece a una familia. Los soldados les dieron dos opciones: o se derribaba la casa entera, o debían ceder el último piso y la terraza superior al ejército israelí, para que la empleara como una atalaya de observación y control, por la seguridad de Israel, claro. Y en efecto, así ocurrió: la azotea está completamente vallada, como si fuera una extensión del muro, y así los militares israelíes pueden controlar desde lo alto buena parte de la ciudad (ya que las edificaciones de Tulkarem son bajas en su mayoría). Es más, en la misma terraza han construido un bunker antimortero.
Al pie del muro, en el que se lee "To exist is to resist", los vecinos han decidido plantar flores. Unos simples geranios que no pueden taparlo, pero que demuestran qué tipo de semillas lleva cada uno de ellos en el zurrón. "Los israelíes plantan muros, y nosotros plantamos geranios", nos dice nuestro acompañante, un palestino de Tulkarem.
Miramos hacia atrás, y el trazado del muro amenaza de nuevo a las viviendas más próximas; bueno, la idea paranoide israelí es que son las viviendas las que amenazan el muro. No contentos con ello, han tenido el detalle de poner los focos de vigilancia apuntando directamente a las habitaciones de la casa. Por la seguridad de Israel, claro. Por supuesto, la vivienda está amenazada de derribo.
Nos da tanta rabia lo que vemos, que intentamos en vano lo que el mundo entero quiere hacer. Pero, por desgracia, no deja de ser una pose para la foto. Lo que sentimos por dentro son náuseas.
Continuamos recorrido y nos detenemos en una loma. Desde allí se divida una buena parte del distrito de Tulkarem. A nuestra derecha (estamos mirando hacia el sur), la carretera nacional 6, de Israel, es una cicatriz que ha seccionado en dos este territorio. frente a nosotros, como se ve en la fotografía de abajo, el muro zigzaguea dejando tras él -al fondo- tierras ocupadas por Israel, mientras que delante de nosotros (y donde estamos- es territorio palestino.
En la curva, existe un checkpoint, el único paso para miles de palestinos que deben cruzarlo a diario. Al fondo a la izquierda de la imagen se ven unas viviendas sobre una colina. Justo frente a ellas el muro se convierte en alambrada electrificada, y, debido a la proximidad de las casas, han tenido que derribar algunas. Allí iremos poco después. Al fondo de la imagen, el pueblo de Taybeh.
Una imagen de detalle: las construcciones de la derecha de la foto son las instalaciones del checkpoint: zonas de escaner, pasillos, salas de interrogatorios, puertas giratorias dentadas, más controles,... Como se ve, no es un simple control de carretera. Los vehículos que hay en el descampado son los de los palestinos. Han aparcado allí a primera hora de la mañana y van al otro lado a trabajar (si es que llegan a tiempo de poder ser empleados por algún contratista). Cuando regresan, vuelven a subir a su vehículo (muchas veces compartido) para volver a sus casas. También a multitud de taxis que vienen/van al checkpoint. Tal es el trasiego generado.
Toda la escena se desarrolla ante nosotros mientras nuestro acompañante nos explica la situación. Vergüenza, indignación, asco, enfado, se nos mezclan todos ersos sentimientos y algunos más.
Llegamos con la furgoneta hasta las casas de las que antes hablaba, las que se veían al fondo. Allí tres viviendas han sido destruidas por los bulldozers porque amenazaban la valla de seguridad de Israel (aquí no es un muro, sino una alambrada electrificada). Nos subimos a los restos de una de ellas.
Delante de nosotros, a una cincuentena de metros, la alambrada israelí, que la casa amenazaba.
Miramos hacia nuestra izquierda, y vemos otra de las edificaciones sobre las que pende una orden de demolición. Puede llegar en cualquier momento. Quizá ahora, que no ha pasado ni un mes, ya esté derribada.
Lo mismo le sucede a la casa vecina. Todas ellas van a seguir el mismo camino, porque amenazan los muros y las cercas carcelarias que los israelíes han impuesto a los palestinos. Quizá algún día se den cuenta de que el que construye un muro es tan preso como el que queda encerrado por él. Es preso de sus miedos, de su intolerancia, de su ceguera, de su miseria. Es preso de su propia conciencia, de su remordimiento. Y quienes quedan al otro lado, sin embargo, nos han demostrado un espíritu libre, capaz de superar día a día las trabas de sus paredes.
La jornada termina. De nuevo estamos agotados y con pocas ganas de sonreir. Vamos camino de nuestro alojamiento. Esta noche, sin embargo, la cena será diferente, y terminaremos la jornada de un modo más agradable. Subiremos a un mirador sobre Nablús, una zona de excursionismo próxima a la ciudad, acondicionada para que la gente se haga pequeñas barbacoas. La noche caerá estrellada sobre nosotros, mientras, a nuestros pies, las luces de la ciudad serán otra bóveda celeste. Y como por la noche no se ven los muros, es más fácil imaginar la libertad. No llevaba la cámara esa noche, así que he sacado la foto del blog de Olmo, un fotógrafo comprometido con quien coincidimos allí, y que nos acompañó esa noche con otras dos cooperantes.
Escrito por viajepalestina el 23/07/2010 17:37 | Comentarios (0)
Amanecemos en Nablús. Hemos pasado dos noches junto al campo de refugiados de New Askar, a las afueras de la ciudad, y debemos cambiar de ciudad. Hoy será un día agitado: hay que hacer equipaje (ya ni sabemos cómo nos caben las cosas: hay ya quien tiene que sentarse encima para apretarlo todo ) y sobre todo hay que recorrer mucho camino y ver cosas muy interesantes. Y lo que aún no sabíamos es que el día iba a traernos alguna experiencia desagradable. Vamos por partes.
Iniciamos recorrido saliendo de Nablús hacia Jenín. Allí nos dirigimos hacia el Centro Hakoura, donde nos recibe Mohammad Atari, un palestino residente en los alrededores de Burdeos, que es el alma pater del centro, dirigido por un grupo de siete voluntarios. De nuevo es la ayuda internacional (en este caso francesa) la que está impulsando proyectos de autogestión y desarrollo local. El Centro Hakoura es de reciente construcción (2008), y acoge muchas iniciativas diferentes (cursos de idiomas, bailes, aula de informática, biblioteca...). Hace por tanto las veces de un centro social y cultural, orientado sobre todo a los chavales. Nada más vernos llegar, se agolpan a la entrada y nos bombardean a preguntas en francés y en inglés. Al saber que somos españoles, se interesan sobre todo por el fútbol y por los jugadores de la selección. Ni aquí nos libramos de eso.
La ayuda francesa terminará, sin embargo, en 2011. En este momento están buscando fuentes de financiación alternativas, que les permitan autogestionar todas las actividades. Nos damos cuenta, una vez más, que entre todos los países estamos subvencionando las tropelías de Israel, y contribuyendo a mantener esta situación. Es un debate que he permanecido presente en todo el viaje, y al que regresamos de vez en cuando.
Nos explican la historia de Jenín, pero como lo que más nos interesa es el problema de la ocupación y de los refugiados, enseguida nuestras preguntas reorientan la conversación. Tras un buen rato -y otro café- salimos en dirección a la ciudad guiados por Mohammad Atari. Jenín nos sorprende como una ciudad dinámica, con un casco histórico bien conservado -llamarlo medina es atrevido, pero sí se aprecian más las trazas del urbanismo musulmán que en Nablús- y sobre todo se ven las huellas nítidas de todos los periodos históricos por los que esta ciudad ha atravesado. Por ejemplo, el arco rebajado del fondo, de influencia otomana, y la combinación de tejados planos (árabes) con otros abovedados (de nuevo otomanos).
Jenín se encuentra en el recorrido meridiano que enlaza el mundo otomano con el egipcio y el saudí. El ferrocarril del Hejaz (o Hiyaz), que unía La Meca (aunque en el mapa de wikipedia no salga) con Damasco, tenía en Palestina una derivación hacia el oeste, para buscar la costa de Acre y Haifa, que son los (únicos) puertos de la región. Pues bien, los árabes atacaron frecuentemente esta línea, para desarticular los suministros de los otomanos, especialmente durante la revuelta árabe de 1916-18, en la que participan junto a Lawrence de Arabia.
Esta historia, escrita en Los siete pilares de la sabiduría y llevada al cine, es más o menos conocida, pero lo que nos sorprendió en Jenín fue ver dónde habían acabado los raíles del ferrocarril que los otomanos tuvieron que reconstruir una y otra vez, saboteados por los árabes a los que Lawrence les había prometido un reino soberano e independiente si vencían a los turcos. Fue la primera traición. Más tarde serían los propios británicos los que sufrirían los ataques en sus líneas férreas, ya entre 1936-39, durante la Revuelta Árabe. Quién sabe, lo mismo Lawrence de Arabia se tomó un té junto a estas vías, hace casi cien años, que ahora soportan las cubiertas y los balcones del centro histórico de Jenín.
En Jenín el centro histórico está bien conservado en algunos lugares: al menos, donde los combates respetaron las edificaciones, se puede admirar aún el empleo de esa tosca almohadillada (lo que en algunas zonas catalanoparlantes llaman el marès), tan caracterísitica del Mediterráneo occidental, y que aquí también está presente.
Sin embargo, son también evidentes las huellas de la violencia. En el centro de Jenin se alza un pequeño monumento conmemorativo, que recuerda los trágicos sucesos de la primavera de 2002, de los que luego hablaré.
Pero han pasado ocho años, y Jenín ha cambiado mucho. Hoy es una ciudad animada, vital, por la que resulta agradable pasear... sobre todo un día de mercado como éste. No obstante, sabemos que hay restricciones a determinados cultivos, muy rentables, que los agricultores árabes no pueden plantar ya que quedan bajo el control exclusivo de compañías israelíes. De nuevo el aparente colorido de la imagen se nos vuelve gris.
Visitamos el antiguo cine de Jenin. Lo están rehabilitando porque tienen la intención de inaugurarlo dentro de tres semanas. Incluso acogerán un festival de cine. Trabajan numerosos cooperantes extranjeros. Por enésima vez asistimos a la reconstrucción de un territorio aplastado, gracias a la ayuda internacional. Israel lo tiene todo a su favor. Hasta banqueros como nuestros países, que tapan sus injusticias y reconstruyen lo que arruina.
Detrás del cine han habilitado un espacio como cine de verano (foto de abajo). La idea nos resulta romántica... hasta que se nos explica que, de este modo, las mujeres podrán asistir también a las proyecciones, ya que les está vetado el acceso al interior, al cine cerrado. De nuevo algo se mueve en nuestras tripas. ¡Hay tanto por hacer aún!. ¡Tantas luchas por librar! Me acuerdo de los versos finales del Ara mateix, de Martí i Pol, cuando se decía que "tot està per fer... i tot és possible" (todo está por hacer, y todo es posible). Pero cuesta ser optimista.
De nuevo otra huella histórica. En los últimos años de la Primera Guerra Mundial, varios pilotos alemanes combatieron en esta zona. El agónico Imperio Otomano se alió con Alemania y Austria-Hungría en un intento por mantener su presencia balcánica y por ampliar sus fronteras asiáticas. No le sirvió de nada, aunque permitió que se estableciera una amistad turco-germana que explica buena parte de la historia europea del siglo XX. En memoria de los pilotos alemanes que perdieron la vida contra ingleses y franceses entre 1917 y 1918, se alza este monumento en Jenín.
Visitamos el Freedom Theatre, construido en 2006 en Jenín, y que en la actualidad constituye una de las apuestas culturales más firmes y decididas de toda Palestina. No sólo hacen obras de teatro, sin o que se dedican a tareas de formación en artes dramáticas, fotografía, desarrollos multimedia, imagen y sonido... Visitamos las instalaciones y coincidimos con numerosos internacionales en cada sala: estadounidenses, suecos... El mundo entero está lleno de gente comprometida. Lo malo es que no llegan a los puestos de decisión.
De vuelta al Centro Hakoura, comemos frugalmente en la biblioteca, y algunos chavales nos obsequian con otra danza típica.
Por la tarde la visita más interesante es la del campo de refugiados de Jenin. La ciudad tiene, según los datos que nos dan, 39.000 habitantes (250.000 el distrito). De ellos, 12.000 son refugiados en el campo de Jenín. No está mal: un tercio de la población de la ciudad vive en el campo. Aparte de éste, hay otro en la carretera que va de Jenín a Nablús, por tanto al sur de la ciudad.
Los habitantes del campo disponen de una identificación como refugiados, pero eso no significa que les esté prohibido salir del campo. De hecho, nos cuentan que, conforme ha pasado el tiempo, algunos han conseguido ahorrar algo (si es que su comercio o negocio se lo ha permitido) y van comprando viviendas algo más grandes y con mejores condiciones fuera de allí, aunque no lejos. Tampoco el campo está diferenciado de la ciudad. No hay una verja, una valla o una puerta que atravesar. Hemos salido caminando del freedom theatre y apenas hemos recorrido unas manzanas cuando llegamos al campo, completamente fagocitado por la trama urbana. Lo primero que nos llama la atención es la anchura de la calle por la que entramos:
Hay una explicación, y no es agradable. Los sucesos de marzo-abril 2002 (en la operación que las fuerzas israelíes llamaron Muro Defensivo) causaron la muerte de casi 500 palestinos en total (56 de ellos en Jenín, la mitad civiles) y 23 soldados israelíes. Nos relatan que se desalojó a parte de la población civil, pero no a toda (los informes internacionales acreditan esta versión) y que el combate se produjo entre el ejército israelí y diversos grupos armados palestinos. Estos últimos colocaron minas en las calles del campo. Cuando el ejército israelí sufrió sus primeras bajas, tomaron la determinación de no entrar por las calles, sino por las casas, algunas de ellas ocupadas. Es conocido, pero no único, el caso de un discapacitado mental, Yamal Fayid, de 37 años. Sus hermanos avisaron al ejército de que se encontraba todavía en su interior, pero la excavadora no se detuvo.
De esto modo, los tanques y bulldozers del ejército abrieron un camino nuevo, a través de las viviendas, de manera que hoy hay calles anormalmente ampliadas, como la de la imagen de arriba. La de abajo refleja la angostura original del callejero del campo de refugiados. Así eran todas antes.
Los sucesos de 2002 recibieron la condena internacional, especialmente por la desproporción en el uso de la fuerza que hizo el ejército israelí, que se extendió a civiles (la mitad de los muertos en el campo de refugiados lo eran). El informe de las Naciones Unidas así lo hace constar. Y sobre todo, los sucesos de Jenín (que se extendieron a Nablús y a otras ciudades) tuvieron dos consecuencias:
- Una, previsible, fue la confirmación de los campos de refugiados como caldo de cultivo ideal para la lucha armada contra Israel. Desde 1948, hay millones (sí, millones) de personas que han nacido, crecido y muerto en un campo de refugiados de palestinos. Los chavales veinteañeros de hoy han visto que sus padres nacieron en el campo, y que sus abuelos ya vivieron en él. No hay casi posibilidades de salir, y desde luego casi ninguna de irse lejos. No hay casi empleo, y el que hay es por lo general de baja cualificación. La situación de los refugiados es hoy un problema social, demográfico y sobre todo político. Se han convertido en los desclasados del pueblo más desclasado. Jenín entero recuerda a sus mártires. Y no son pocos:
- La otra consecuencia, inesperada, injusta y brutal, fue la decisión de la Knesset -parlamento israelí- de construir el Muro de Cisjordania el 23 de junio de 2002, justo después de haber comprobado que entrar a sangre y fuego en un campo de refugiados no solucionaba el problema de los ataques suicidas. Se levanta así lo que ellos llaman valla de seguridad, o cerca antiterrorista según la denominación oficial de Israel, y muro de la ignominia y la vergüenza para cualquier persona que tenga sentido común. Porque no estaría mal que, aunque sólo fuera por un momento, los israelíes se detuvieran a pensar que todo este territorio lo invadieron ellos por la fuerza en 1967. Y que son más de cuarenta años de ocupación, que llegan a más de sesenta en las zonas invadidas en 1948. Y encima, como en este tiempo los locales no han sido todo lo hospitalarios que los israelíes deseaban, les levantan un muro para cercarlos.
Los efectos de los combates son manifiestos en Jenín aun hoy. Cuesta encontrar una fachada sin balazos.
Estas casas de color arena (ellos nos las presentan como yellow houses) son las que fueron reconstruidas tras la entrada del ejército con los bulldozers. A la hora de rehacer el campo de refugiados, se decidió que todas las casas fueran del mismo color, para que se recordara el área que había quedado devastada. Es difícil, pero muy difícil, encontrar una fachada de un color distinto. Todas son yellow houses.
Este mapa es muy expresivo: en color naranja, las casas completamente destruidas. Las que además tienen una X, fueron arrasadas por bulldozers. En azul, las que recibieron daños graves, pero no fueron destruidas y por tanto era rehabilitables. En verde, las que recibieron daños menores.
Es recomendable leer el artículo Yenin, ya olvidado de Jonathan Cook, publicado en The Guardian el 3 de junio de 2002. El periodista, que recorrió la ciudad después del ataque, acusa al ejército israelí por su acción desproporcionada, al gobierno de Israel por no permitir observadores internacionales y a la comunidad internacional por su frágil memoria y actitud complaciente. Las frases finales son muy reveladoras: "Invertir en la reconstrucción de las ciudades palestinas se considera una pérdida de tiempo. ¿Para qué ayudar a construir un Estado palestino cuando el ejército israelí está esperando a destruirlo?"
La presencia del muro es patente tambien aquí. En esta expresión de arte callejero, el muro queda roto por las flores, los árboles y por el pueblo árabe (se ve la cúpula de la Roca, que los simboliza), que emerge blandiendo la llave de las casas de las que fueron expulsados. Es la llave de los refugiados. La esperanza del retorno.
Y siempre, en los portales, los niños. Aquí en el campo de refugiados de Jenín, ajenos a toda esta historia reciente de sangre y destrucción, sonríen como cualquier otro niño del mundo, nos piden fotos porque les gusta verse en las pantallas de las cámaras y posan mucho mejor que nosotros, porque son ingenuos. Ojalá nunca dejáramos de serlo, porque ellos son la esperanza.
Y son la ternura
Regresamos a la furgoneta. Hay que hacer una última visita -que será de tipo religioso- y, de camino, nos encontramos con esto:
El artista alemán Thomas Kilpper diseñó en 2003 esta escultura ecuestre, con las chapas de los vehículos que habían sido destruidos durante los combates del año anterior. Es una muestra de cómo hasta de lo más terrible puede conseguirse algo positivo. Nos quedamos con eso. Seamos optimistas.
La última visita del día tuvo un fuerte contenido religioso, aunque no exento de polémica. Se trata de una iglesia (de nuevo ortodoxa) edificada en el lugar donde, según la tradición cristiana, Jesús sanó a los leprosos.
Tras la entrada, se accede a un reducido patio, que de acceso al templo, recogido y sencillo.
Dentro, la nave principal (bueno, de hecho es de nave única) estaba en obras. Aquí la vista hacia el ábside.
Pero en un lateral, se abren dos oquedades, asimétricas. Una, la mayor, tiene en el techo un agujero. Aquí, encerrados, se cuenta que se encontraban los leprosos, a los que se suministraba alimento y agua desde arriba, por el agujero del techo que se adivina a la derecha.
La otra oquedad, menor, es donde se supone que durmió Jesús, junto a la anterior. Hoy la ocupa un pequeño altar y un sagrario. Ocurre que en este espacio no permitieron entrar a las chicas del grupo. A pesar de no ser un lugar sagrado musulmán o judío, sino cristiano ortodoxo, mantienen la prohibición de entrar a mujeres adultas en este reducido espacio de la foto de abajo. Consideran que si no son vírgenes no son puras, y como no se van a poner a comprobar este hecho, se les impide sistemáticamente entrar a ellas, pero no así a los hombres. De nuevo otro muro que derribar. Y es que los muros de piedra son malos, pero los muros mentales son peores, porque duran más. Algunos, como los que imponen las religiones, llevan ya durando miles de años.
Y nos faltaba el otro, el muro tangible de Israel, que lleva menos tiempo, pero cuesta superar. Y aún no sabíamos cuánto. Eran ya las seis de la tarde y debíamos llegar pronto al control. En esta ocasión, y por primera vez en nuestro viaje, abandonábamos Cisjordania para entrar en territorio israelí, es decir, aunque todo es Palestina, dejábamos atrás los territorios ocupados (temporalmente, porque regresaremos a ellos en los Altos del Golán, mañana) para ingresar en zona reconocida internacionalmente como israelí.
Salíamos de Jenín en dirección a Nazareth, y por tanto hay que pasar un control. Pero como digo éste es diferente. No se trata de pasar, como habíamos hecho hasta ahora, de una zona A a una zona C, en Cisjordania. Al fin y al cabo allí, en los territorios ocupados, los controles son molestos, pero habituales. Éste tiene un cierto carácter de excepcionalidad, porque actúa como frontera de facto. Para empezar, todo tiene el aspecto de un peaje de autopista:
Pero aquí, en vez de pagar con la tarjeta de crédito, hay que abrir la puerta.
- Passports, please!
Esto tiene mala pinta. De inmediato percibimos que aquí la cosa es seria, no es la rutina habitual. Entramos a Israel y eso significa que una vez dentro, podríamos movernos con total libertad por el país. Y aquí la libertad es algo que se tiene que ganar. Algunos llevan 62 años buscándola y todo.
Hago fotos al coche que tenemos al lado. Mmmm.. ¿en los peajes te apuntan con un fusil de asalto? ¿Y desde cuando un tipo así lleva una gorra del Coronel Tapiocca? No me pasan desapercibidos los dos cargadores que lleva a la izquierda, en la cintura, aparte del que lleva en el arma. Claro, será por si viene un autobús, para tener balas para todos.
Parece que el del primer puesto nos ha colocado un punto verde en el parabrisas. Punto verde significa registro exhaustivo. No sé lo que será el rojo. Mejor no pregunto. Ale, todos abajo.
Todos... y todo. Hay que vaciar la furgoneta. Llevamos equipaje de nueve personas (somos ocho viajeras/os y el conductor), así que todo eso abajo. Mientras, miro al coche de al lado. Ahora es otro. Éste nos lleva unos minutos de ventaja. Así estaría nuestra furgoneta poco después.
Al bajar, veo un cartel -que no sale en estas imágenes- que prohíbe sacar fotos. Vaya, con lo que me gustan a mí los carteles. Así que lo que queda tendrá que ser narrado. Nos hacen bajar a todos y como al principio no nos habíamos enterado de lo del equipaje (hasta ahora no había hecho falta), una chica de seguridad -en inglés- me dice que lo bajemos todo. Me giro y le grito a Nacho, que viene detrás: "¡Oye, que hay que bajar el equipaje!"... y la de seguridad dice, también en castellano "sí, hay que bajar el equipaje". Creo que se le escapó. No volvió a hacerlo, ni siquiera cuando me preguntó si alguno era de (y del) Barcelona (hay que ver qué pesaos con el fútbol) y nos dio las siguientes órdenes.
No me sorprende; ya sabíamos que entre los de seguridad (aeropuertos, puntos de control...) muchos de ellos saben castellano, pero lo peor es que juegan a no saberlo. Es como un juego infantil, pero con armas. Están cerca de tí a ver qué hablas con los compañeros, se dirigen a tí siempre en inglés, hablan entre ellos en hebreo... y escuchan disimuladamente a ver qué comentarios haces. Forma parte de la estrategia paranoide de la seguridad. Todos somos peligrosos y amenazamos su seguridad, su existencia misma como estado, incluso aunque nuestra arma más mortífera sea el multiusos de Álvaro (imprescindible para abrir las Taybeh) y ellos nos reciban apuntándonos con un fusil. Eso sí, las amenazas a la seguridad de los palestinos no entran en la misma balanza, claro.
Bajamos todo el equipaje. Hay que ir a control de equipajes. Como en un aeropuerto, los hacemos pasar por una cinta y un escáner. Bien, ya está. Salimos y encontramos la furgoneta abierta, hasta el motor. Un pastor alemán (el canino, no de los otros) husmea en busca de explosivos, sustancias peligrosas... vaya usted a saber. Nos tienen un rato esperando. Y no nos han devuelto los pasaportes aún.
Entonces se acerca una chica con varios pasaportes: trae el de Nacho, el de Sheila, el de Álvaro y el mío, según recuerdo. Faltan otros cuatro. Y el de Shadi, el guía. Mala cosa. Antes de que nos dé tiempo a establecer ninguna coartada, llaman a Mikel. Adentro, a interrogatorio.
Lo tienen un rato, que se nos hace eterno. Mientras, acordamos la versión, que es (bastante) fiel a la realidad, pero omite los lugares más comprometidos en los que hemos estado: venimos de Jenín, de ver el lugrar donde Jesús hizo el milagro de la curación de los leprosos, y vamos a Nazareth, también lugar sagrado.
Mikel regresa. Le han hecho preguntas y cacheado, pero está tranquilo. Bueno, él es un hombre tranquilo y eso ahora es más virtud que nunca. Casi al mismo tiempo, llaman a Javi, a Enrique, a María José. Todos adentro.
Por separado, son interrogados y lo que es peor y humillante, cacheados escrupulosamente, pero de manera indigna. Incluso parecían aprovechar para enseñar a uno -que debía estar en prácticas-, acerca de cómo hurgar en todos los rincones del cuerpo. Se ve que con tanta tecnología no tienen para un maniquí. A ver si la AECI se pone al tema.
Al fin, salimos. Son casi las siete de la tarde y el checkpoint cierra. Como si fuera un mercadona cualquiera, los de seguridad echan el cierre a la valla metálica, alguno sale ya con ropa de civil, se suben a sus coches y se van de allí. Su jornada laboral ha terminado.
Se quedan con nosotros uno o dos, para darnos los pasaportes que nos faltaban y pedirnos disculpas por el retraso ocasionado. Son todo amabilidad, pero que no esperen caer simpáticos, que con un arma apuntándome no me gustan los amigos.
Todo el equipaje arriba de la furgo otra vez, y ya dentro, los que han sido interrogados y cacheados cuentan a los demás su experiencia. Dejamos el territorio cisjordano, invadido en 1967 y entramos en el que invadieron en 1948. Entramos en Israel.
Dormiremos en Nazareth. Serán las dos últimas noches del viaje. Mientras hacemos los últimos kilómetros, la carretera ha mejorado ostensiblemente. Y los carteles en hebreo aumentan. La entrada en Nazareth nos llama la atención por un detalle casi ridículo: por primera vez (con la única excepción de Jesusalén Oeste), vemos un parque. Césped, unos columpios, algunos árboles y bancos para descansar. Nada extraordinario en España, pero insólito aquí hasta ahora. La manera de vestir es también diferente. Al fondo, un centro comercial está coronado por una M amarilla inconfundible: McDonald's, junto a otras franquicias similares, nos resulta tan exótico después de lo que llevamos pateado, que Enrique no puede aguantar más y pide "volvamos a Jenín". Y aunque no podía ser, ganas no nos faltaban. El día había acabado. Itaca estaba cada vez más cerca.
Escrito por viajepalestina el 23/07/2010 18:11 | Comentarios (0)
Salimos de Nazareth con destino a los Altos del Golán. Antes, el recorrido tendrá paradas en Tiberias, a orillas del Lago Tiberíades, en el que nos detendremos varias veces, así como en el curso alto del Jordán. De allí a territorio ocupado a Siria. Será un día emocionante (otro más) y agotador. Y en el que más kilómetros recorramos.
Vamos allá.
La jornada comienza con un marcado carácter turístico-religioso. A pocos metros del hotel, se encuentra la Iglesia de la Anunciación. Ahí está. Y ante ella, una pancarta con una sura coránica que anuncia que el Islam es la única religión verdadera. Vaya, todas dicen lo mismo.
Interior de la Iglesia, donde según la tradición cristiana el ángel anunció a María que iba a tener un hijo (en la gruta tras el altar).
Iniciamos el recorrido en coche, y nos vamos hacia el norte, en dirección al lago Tiberíades. La primera parada será en Tiberias, una localidad balnearia, dedicada al turismo en este gran lago.
Primero, una foto de grupo, desde el mirador que hay sobre Tiberias. Hoy nos acompañan Dina (a la izda de la imagen) y su padre, que saca la foto. Dina sabe castellano, holandés, árabe, inglés y hebreo. Su padre nos irá haciendo de guía en inglés durante la jornada. Sólo al final de la tarde iremos a su casa y nos contarán su historia personal, que será, como la obra de Amos Oz, una historia de amor y oscuridad. Luego vamos a eso. Ahora, la foto de grupo para empezar:
Tiberias es una localidad turística de playa. Podría ser cualquier otro espacio similar, en el Mediterráneo por ejemplo, sólo que éste se encuentra en un lugar que rezuma historia, religión... y violencia.
El lago cuenta con un mareógrafo que indica la altura de las aguas, en un marcador digital que hay en un monumento que reproduce la silueta del mismo lago. En la imagen, Javi y Sheila, que casi no han salido.
Nada en Tiberias recuerda la antigua presencia árabe. Los hoteles y apartamentos israelíes han devastado la zona original. Sólo el viajero más atento encontrará los restos de las últimas casas árabes, arrasadas en la guerra de 1948, hoy enmascaradas por la trama urbana.
Continuamos el recorrido y paramos en la Iglesia de Pedro, en la orilla norte del lago Tiberíades. Se ha levantado sobre el lugar en el que se desarrolla -según la tradición cristiana- el episodio en el cual Jesucristo nombra a Pedro el primer Papa: "tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia".
La piedra en cuestión es la que se encuentra ante el altar.
Un grupo escultórico junto a la iglesia recuerda ese episodio:
El templo es pequeño y austero. Pero a su alrededor hay varios espacios consagrados para que los turistas celebren misa. Casualidad: coincidimos con un grupo de peregrinos llegados de Guadalajara, que en ese momento escuchan misa en castellano. Italianos y españoles son los más numerosos turistas religiosos de esta zona.
El lago Tiberíades también se ha llamado Mar de Galilea, lago Genesaret o lago Kinnereth (que es el nombre actual en hebreo). Cuatro nombres pero un espacio único. Su superficie está a 210 metros bajo el nivel del mar, lo que hace de él el lago de agua dulce a una cota más baja del planeta. Es más, el Tiberíades es la gran reserva de agua potable de Palestina. Y claro, su carácter estratégico no pasó desapercibido para Israel. Según el Plan de Reparto de 1947, las tierras al oeste de este lago (Galilea) corresponderían al estado palestino. Sin embargo, en la guerra de 1948/49 Israel invade este espacio, para no desprenderse nunca más de él.
A diferencia del Mar Muerto, el Tiberíades es de agua dulce, y por tanto plenamente aprovechable para consumo y para riego. Por este motivo desde su extremo septentrional, Israel inició la construcción en 1953 (nada más configurarse como estado) del National Water Carrier, la principal arteria de abastecimiento de Israel, hoy gestionada por la empresa monopolística Mekorot. El agua del NWC, por tanto, es detraída de la que pudiera obtener Jordania. Sirve para suministrar caudales a las ciudades costeras del Israel (especialmente Tel Aviv), y, después, para regar las tierras desérticas del Neguev. Así que, de nuevo, el uso del recurso es humillante: no sólo se quita el agua al vecino, sino que encima se emplea para usos de muy baja eficiencia: poner en cultivo tierras áridas del desierto.
Aparte de su valor estratégico, el Tiberíades tiene un enorme valor religioso. En sus orillas tiene lugar el episodio narrado del nombramiento de Pedro como primer Papa, pero también el milagro de los panes y los peces (en Kfar Nahum o Cafarnaún), y el episodio del caminar sobre las aguas, además de todas las escenas de pesca de los apóstoles, que faenaban en sus aguas. Por tanto los alrededores del Tiberíades se encuentran plagados de peregrinos, autobuses, guías que se explican en las más variadas lenguas y no pocas tiendas de souvenirs.
Continuamos recorrido, y nos detenemos junto a un puente. No puede ser que ésto sea... sí, es el Jordán. Es verdad que es julio, y por tanto época de aguas bajas, pero impresiona saber que este exiguo hilo de agua es el que está detrás de tres de las cuatro guerras árabe-israelíes. 360 kilómetros de longitud, una cuenca hidrográfica repartida entre cuatro naciones (más Palestina)... y sin duda el curso fluvial más conflictivo de todo el Planeta. A lo largo del siglo XX se han elaborado no menos de cuarenta planes de reparto de sus aguas. Unos, propuestos por la Liga Árabe, otros por las Naciones Unidas, por Estados Unidos, por Israel... y no ha habido acuerdo en ninguno. Al final, el aprovechamiento de sus aguas se resolvió a favor de Israel en 1967, cuando invade tres de los cuatro afluentes que dan origen al Jordán, además de las escorrentías de la vertiente sur del Monte Hermón, ya en territorio sirio. Hacia allí vamos. Mientras tanto, unas barcas de recreo llenas de turistas recorren plácidamente estas turbulentas aguas. Para la mayor parte de la gente este río, sin embargo, es conocido porque con sus aguas se bautiza a lo más granado (y snob) de la sociedad.
Dejamos el Jordán, y continuamos ascendiendo. Suavemente, casi sin percibirlo, la carretera se hace sinuosa y vamos ganando altitud. Pero el trazado y el firme son buenos (es Israel, al fin y al cabo), y cuesta descubrir que nos acercamos a las estribaciones del Golán. Busco el Monte Hermón, pero el día no es claro, y aún no se ve. Hasta que paramos en un cruce y una casa abandonada nos delata que ya estamos en zona ocupada a Siria (y despoblada de sus habitantes árabes). Acabamos de entrar en los Altos del Golán.
La presencia militar aquí es mucho más evidente. Y eso que para Israel éstas no son oficialmente tierras ocupadas, sino que para ellos forma parte de Israel, desde que se las anexionó administrativamente -y de modo unilateral, claro- en 1981. Para cualquier otra persona con sentido común, es una zona invadida por la fuerza a un país vecino y soberano, y mantendida por el mismo sistema. Y consentido por las demás naciones.
"Peligro, campo minado", a ambos lados de la carretera. Más vale no tener un despiste y salirse al bancal. Estamos cerca del trifinio entre Líbano, la Siria ocupada e Israel. Es una región convulsa. Israel invadió los Altos del Golán en junio de 1967 y aún no se ha retirado. Invadió el sur del Líbano en junio de 1982 (se retira tres años después, con las sangrientas matanzas de Sabra y Chatila anotadas en el curriculum), vuelve a invadir el sur del Líbano en 2006... y mientras, los ataques de Hizbollah. No es una región tranquila, no.
Llegamos al mirador de Quneitra. El Sr. Zbidat, padre de Dina, nos va explicando la historia del lugar y el proceso de desalojo de las aldeas árabes. La propia ciudad de Al Quneitra es hoy una aldea fantasma. En el mirador hay un aparato para escuchar la historia de la zona en hebreo e inglés. Pulsamos y escuchamos un relato patriótico, incomestible, acerca de la lucha heroica del glorioso ejército israelí, que en sólo 33 horas invadió por razones de seguridad toda esta zona, y que incluso, llegado el momento de firmar el alto el fuego (la paz no está firmada), cedió generosamente 20 kilómetros de terreno conquistado, para que se asentaran los cascos azules. La escena la completan tres tipos que han llegado también al mirador. Uno de ellos, probablemente combatiente en el 67, explica a los otros dos por dónde avanzaba su columna. Decido abstraerme y hacer algunas fotos del lugar.
Las edificaciones de color blanco son la base de la UNDOF (United Nations Disengagement Occupation Force). Son 6.000 cascos azules interpuestos entre Israel y Siria. Y me pregunto ¿Por qué hay cascos azules entre un territorio sirio invadido por Israel y el resto del territorio sirio? Su presencia, es evidente, ratifica la conquista realizada por Israel en junio de 1967, y anula toda posibilidad de que estas tierras sean devueltas. Más que asegurar un colchón de amortiguación entre las dos naciones, es la prueba más palpable de la impunidad.
Llegamos a Majdal Shams, una de las últimas ciudades árabes del Golán. Allí visitamos el Golan for Development Center, un establecimiento admirable, que cuenta con consultorio clínico, ortodoncia, teatro, biblioteca... para satisfacer las necesidades de los habitantes de la zona que Israel no atiende.
Nos recibe el director del Centro, el Dr. Maray Taisser, quien nos atiende en su despacho durante un buen rato, y después nos enseña todas las instalaciones con detalle.
Luego, damos con él una vuelta por los alrededores: la frontera está muy cerca. Majdal Shams está vigilada permanentemente desde lo alto por el ocupante, que emplea a la población como escudos humanos desde la guerra del Yom Kippur (octubre de 1973). Imagina que vives ahí, y que en vez de ver el mar o un parque, cada vez que abres la ventana te encuentras con esto sobre tu cabeza.
Eso sobre tu cabeza... y esto enfrente:
La cumbre de la izquierda es el Monte Hermón. Algo más de 2.600 metros de altitud lo convierten en la cumbre más alta de los montes Líbano y Antilíbano. Pero lo más importante no es su altitud máxima, sino el hecho de que recibe una enorme cantidad de precipitación durante el invierno, buena parte de ella en forma de nieve (aunque parezca increíble, hay una estación de esquí en su cumbre). El Hermón, por tanto, asegura caudales en invierno y en primavera (por el deshielo). El estado de Israel es consciente de esto, e invade la zona en junio de 1967, para anular el proyecto sirio-jordano de derivar aguas del Hasbani al Yarmuk (de 1964), que le hubiera restado caudales, gracias al pacto entre estas dos naciones. El argumento israelí, claro, era el de siempre: garantizarse la seguridad debido al rearme sirio en la zona, que amenazaba el norte de Israel. Pero la razón es mucho más geográfica: el control estratégico del Alto Jordán y de sus recursos de cabecera. Esta es la imagen ahora: los jeeps del ejército israelí patrullando constantemente por la vía fronteriza. Tras ellos, una valla electrificada (y vigilada con sensores infrarrojos y cámaras de televisión), después de ésta, 200 metros de campo minado, tras él una franja de anchura variable controlada por los cascos azules, y, por fin, Siria. Mejor dicho, el resto de Siria, ya que todo este espacio era sirio desde 1946 (fecha de su independencia) hasta 1967.
Cuando Israel invade los Altos del Golán, en junio de 1967, esta zona tenia 130.000 habitantes árabes en 220 pueblos. Hoy, en 2010, cuenta con 6.000 habitantes árabes en sólo 5 pueblos. 215 pueblos han desaparecido o han quedado abandonados, y su población ha muerto, vive con la condición de refugiados o ha tenido que huir.
Entre 60.000 y 90.000 sirios quedaron en zona invadida por Israel. Entre 1967 y 1981 vivieron bajo un régimen de excepción militar, durante el cual no les estaba permitida ninguna movilidad. En 1981, Israel decide anexionarse administrativamente la zona (es decir, incorporarla a su territorio a todos los efectos, para no considerarla zona ocupada). Para ello debe conceder ciudadanía a los habitantes, así que obligó a que todos ellos, por decreto, fueran considerados israelíes. Como podemos imaginar, y la lógica hacía suponer, estos habitantes (que son sirios y descendientes de sirios) no aceptaron. Hubo huelgas, revueltas y disturbios durante seis meses. Al fin, Israel decidió que la ciudadanía israelí fuera una opción, no una obligación. Sólo el 5 % aceptó. Actualmente, el resto no tiene pasaporte israelí (ni lo quieren, ellos son sirios), y se les considera "residentes en Israel". Tienen una identificación israelí (algo parecido a un DNI) pero no pasaporte. Para viajar necesitan un salvoconducto que expide Israel, y en el que no consta la nacionalidad. Así que vienen a ser apátridas.
En la actualidad. sólo el 10 % de la tierra de los Altos del Golán está en manos árabes. Hace sólo dos años -y por presión de la UE- que Israel ha permitido a los agricultores locales que vendan productos a Siria (especialmente manzanas, que es el cultivo predominante en la zona), así como que productor sirios puedan ser comercializados aquí. También se permite a los hombres religiosos (drusos la mayoría) que vayan a Siria tres o cuatro días al año para visitar lugares sagrados en fiestas importantes para su confesión. También es muy reciente el permiso para viajar a Siria concedido a estudiantes universitarios. Sin embargo, no se concede para otras personas hasta que no cumplen los 70 años de edad. Es un disparate que de nuevo anula el argumento de la seguridad, pues, como nos dice el responsable del Centro Golan for Development, Dr. Taisser debería parecer más peligroso para Israel un estudiante universitario que una señora de 69 años.
El puesto que hay en la colina de enfrente es de los cascos azules. Las cumbres del fondo son ya de Siria.
La población de toda esta zona es drusa. Los drusos se consideran musulmanes, aunque los musulmanes no les consideran como tales (los llaman una secta), debido a que no observan algunos de los Cinco Pilares del Islam (por ejemplo, no van a La Meca, ni guardan el ayuno de Ramadán). Lo más trágico es que las familias drusas han quedado divididas a ambos lados de la frontera, y en ocasiones -por ejemplo para celebrar las fiestas drusas- las personas se agrupan a ambos lados de la frontera, con sus trajes y vestidos típicos, se saludan desde lo lejos y bailan. El Dr. Maray Taisser, que nos acompaña, nos explica que en Siria quedaron tres hermanos suyos, a los que no conoce porque los separaron de pequeños, y a los que sólo puede ver de este modo.
Tras la comida (que fue tarde, como siempre), nos despedimos del Dr. Taisser y hacemos unos kilómetros en busca de la aldea de Biram (Bar'am en hebreo). Más que aldea, es un pueblo fantasma. A poca distancia de la frontera entre Israel y el Líbano, aquí estuvo el frente en la guerra de 1948. El padre de Dina nos cuenta la trágica historia de esta localidad: el oficial israelí que estaba al mando en la zona se dirigió en 1948 al líder religioso de la comunidad de Biram, y le sugirió que, como medida de precaución, era conveniente que toda la población se trasladara a la cercana aldea de Jish, al menos durante dos semanas, mientras duraran los combates.
Los vecinos del pueblo de Biram obedecieron, y al cabo de dos semanas solicitaron regresar. El oficial les rogó que esperaran dos semanas más, que las cosas aún no estaban calmadas como para que la población civil regresara.
La guerra termina a principios de 1949 -Israel firma el alto el fuego con sus vecinos a lo largo del primer cuatrimestre de ese año-, y los vecinos reclaman volver. Como no les les autorizaba, los vecinos presentaron una reclamación ante el Tribunal Supremo, que reconoció su derecho a regresar a su pueblo, una vez que la guerra ya había acabado. Pero los vecinos se encontraron con que el oficial que ahora estaba al mando era otro, y éste ignoró el fallo del Tribunal, argumentando que no era él quien había generado esa situación.
Por fin, el día de Navidad de 1951, el ejército israelí decide bombardear el pueblo de Biram con aviones de combate. Bajo ningún concepto podían regresar allí los habitantes, dado que la zona quedaba confiscada por el ejército debido a su emplazamiento estratégico. Pero la desaparición de las casas no agota los recursos y las reclamaciones de los vecinos, que se continúan presentando durante años. Por fin, cuando Ariel Sharon se convierte en Primer Ministro, en marzo de 2001, comparece ante el Tribunal Supremo por este motivo y niega el derecho de retorno de los habitantes de Biram porque, en caso de aceptarlo, habría que reconocerlo a otros 500 pueblos más.
Hoy, como se ve, Biram es un pueblo fantasma. Israel ha recurrido de nuevo, además, al rastrero sistema de utilizar una figura de protección ambiental (declarándolo parque nacional, en este caso), para impedir que en la zona se pueda reconstruir el pueblo árabe de Biram, y que los vecinos puedan, algún día, exigir su retorno. Y éste no es el único caso. Los pueblos vecinos de Iqrit y Ghabsia siguieron un destino similar. Cada vez tenemos peor las tripas y necesitamos tomar un respiro. Llevamos once días aguantando las ganas de gritar. Nuestro acompañante nos sugiere que le acompañemos a su casa, en el cercano pueblo de Sakhnin, para tomarnos un refresco. Hay cierta prisa, porque estamos lejos de Nazareth y son ya las siete de la tarde, pero no nos podemos negar.
Llegamos a su casa y nos presenta a su mujer. Nos gasta una pequeña broma inicial, porque es holandesa y dice estar muy disgustada por acoger a tanto español en su casa tras haber perdido la final del mundial de fútbol. Ya es casualidad encontrar una holandesa en Palestina. El ambiente es relajado, bajo unos olivos junto a la vivienda. Hablamos de cosas que no tienen demasiada importancia, y ella nos deja caer que la historia de su familia y de esa casa es bastante singular. Nada nos puede sorprender ya, pensamos, y le animamos a que nos la cuente. Ahí va tal y como la recuerdo: ellos vivían en los Países Bajos, cuando decidieron regresar a la tierra del marido. Sakhnin es una aldea en el norte de Palestina en la que el marido tenía tierras que pertenecían a sus padres. Fallecidos éstos, él y sus hermanos se convierten en los nuevos propietarios. Allí decide instalarse con su mujer, en 1991. Sin embargo, al llegar descubren que esas tierras (que tienen escrituradas y les pertenecen legítimamente) ahora se adscriben a otro municipio, por decisión israelí, en el que hay previsto levantar un asentamiento de colonos judíos. Y claro, se les impide construir en su terreno. Como no pueden construir, pero tienen que vivir en algún sitio, se instalan provisionalmente en una caravana, hasta que, a punto de nacer Dina, y tras dos/tres años de estar viviendo en esas condiciones de provisionalidad, deciden construir una casa, pese a que se trate de algo prohibido. Aprovecharon para eso las vacaciones de Pascua, en las que la vigilancia era menor. Recuerdan esto con mucho cariño, porque todo el pueblo les ayudó a construir la casa en sólo dos meses.
Al cabo de ese tiempo, cuando la casa estaba recién terminada, llegó una patrulla militar con una orden de derribo. Habían estado esperando a que la obra concluyera para entregarla. Una vez recibida la orden, la familia tenía 72 horas para derribar la casa por sus propios medios. Si no lo hacían, sería el propio ejército el que echaría abajo la casa, y ellos deberían abonar el coste de la demolición, más la sanción que les fuera impuesta. El pueblo entero de Sakhnin reacciónó, y el día que el plazo expiraba, se concentraron a la puerta de la vivienda para evitar el derribo. Y lo consiguieron. Eso sí, la orden sigue en vigor, y puede ser ejecutada en cualquier momento.
Todos nos rendimos ante la determinación y la dignidad de esta holandesa, que no pierde la sonrisa en ningún momento, y que prefirió dejar los tulipanes por un olivo en Palestina. Su hija irá el añó que viene a estudiar a Nueva York. Mucha suerte Dina. Tu país necesita gente como tu familia para salir adelante.
Y un día más nos miramos a las caras en la furgoneta, camino de Nazareth, y pensamos todos que, de nuevo, y cuando creíamos que ya no era posible, ha habido una historia que nos ha hecho emocionar. Otra más.
Esa noche era la última en Palestina. Empezábamos a hacernos a la idea de que el regreso iba a ser duro. Pero esto queda para el día siguiente.
Escrito por viajepalestina el 23/07/2010 18:11 | Comentarios (0)
Día de regreso. Disponemos de algo de tiempo (hasta las 10:30 de la mañana) para buscar una oficina de correos. Hay material que no conviene llevar al aeropuerto. Al fin y al cabo, hemos venido a ver el patio trasero de Israel. No somos el tipo de visitante cómodo para ellos.
Salen de Nazareth varios paquetes en dirección a España. Libros, folletos, algún que otro recuerdo palestino. Nada del otro mundo, pero no tenemos ganas de que nos lo quiten. Llegará una semana después. Al cambio, el envío me cuesta unos 20 euros.
Salimos hacia Tel Aviv. Vamos en silencio. Intentamos cantar las canciones que hemos oido durante el viaje pero los ánimos están un poco bajos y nadie consigue mantener la voz en alto más allá de unos segundos. Es un día raro.
Llegamos al aeropuerto Ben Gurión. El nombre del fundador del estado de Israel, el autor de la frase "la Biblia es el título de propiedad sacrosanto del pueblo judío sobre la tierra de Israel". Ahí es nada.
Y la sorpresa viene después: nada más llegar a la terminal 3 del aeropuerto Ben Gurion, veo la silueta de Theodor Herzl, asomado al balcón de su hotel de Basilea, en el Primer Congreso Sionista (1897). Es tremendo. Han pasado 113 años, y el padre del sionismo está aquí más vivo que nunca. Tengo la sensación de que los palestinos (y ahora nosotros) luchamos con un tirachinas contra un tanque.
Nos hacemos las últimas fotos. Sin Herzl, por favor.
Tenemos que despedirnos de Shadi. Se nos hace un nudo en la garganta. Lleva seis años con viajeros españoles, y era la primera vez que alcanzaba el grado de complicidad que ha logrado con nosotros. Shadi era el noveno pasajero. Uno más. No nos salen las palabras.
Debemos entrar a la terminal. Se necesita mucho tiempo aquí para pasar el control de seguridad. Felizmente, lo pasamos con éxito (es toda una aventura, pero mejor no contamos aquí los detalles) y embarcamos un rato después.
A las 20:45 tomamos tierra en Barajas.
Es el momento de las despedidas. Cada uno marcha para su casa. Unos deben tomar otro avión; otros un autobús; un metro.... Se escapa alguna lágrima. Otras no salen pero están a punto. La garganta tiene algo dentro. Es el momento más triste del viaje.
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Hemos ido y hemos vuelto. Y lo teníamos que contar. Por eso este blog. En él hemos narrado lo que hemos visto, nada más. No hemos echado azúcar para engordar ninguna realidad, porque ya es bastante gruesa de por sí. Y debíamos enseñarlo para que quedara constancia.
Como en el poema de Kavafis, Itaca nos ha dado un bello viaje, sin ella no habríamos salido. Tengamos siempre en el corazón la idea de Itaca. Y recordemos que el objetivo de un viaje no es llegar a tu destino. El viaje mismo es el que te enseña, y el que te da la sabiduría. Palestina es Itaca; y nos ha hecho más sabios porque nos ha enseñado mucho.
Seguramente, si has llegado hasta aquí es porque te interesa qué cosa es eso de Palestina. Anímate a ir. Cuantos más lo vean y lo den a conocer, más cercana estará su libertad.
Y habrá que repetir. Ellos nos han abierto sus puertas, y se merecen un futuro mejor, al menos en un pais donde vivirlo.
Escrito por viajepalestina el 23/07/2010 18:12 | Comentarios (3)
Han pasado los días, y las experiencias se van asentando. Enrique, uno de los protagonistas del viaje, ha redactado estas líneas que con su permiso reproduzco. Son un excelente epílogo.
I am PALESTINE
He viajado a Palestina, la he sentido y la he querido.
He sentido muchas cosas y sólo puedo contar algunas:
He escuchado decir a un campesino que ellos plantan
geranios y los israelíes muros, he visto los geranios y los muros,
después contando lo que le ocurrió delante de una casa destruida
le he visto llorar y he llorado, más tarde le he oído cantar y he cantado.
He visto los campos de vides y olivos divididos por alambres y muro,
he escuchado a su dueño contarnos cómo los invadieron, lehe visto como
se enrojecía su mirada y he llorado.
He visto el muro muy de cerca y lo he tocado, lo he empujado pero no se
ha movido. He visto una pelota en lo alto de las alambradas, he saltado
pero no he llegado.
He escuchado la problemática de las mujeres, de los enfermos, de los ancianos,
de los discapacitados, de los presos políticos ( ahora mismo hay 6.508 ) y me
he sentido como cada uno de ellas y ellos.
He recorrido campos de refugiados y me he sentido apartado, olvidado y discriminado.
He visto agujeros de bala en bidones deagua, los he tocado y estaban secos.
Me han contado los problemas con su agua y he tenido sed.
He visto los asentamientos de los colonos en los altos y dentro de las ciudades y
por su culpa he visto muchas tiendas cerradas ( en Hebrón un 76% )
He pasado controles del ejército, me han mirado, me han cacheado y se han burlado,
he sentido asco y dolor.
He visto casas con agujeros de bala y mortero y he sufrido.
He estado en una manifestación y he gritado, he visto detener a personas y me
he apartado, he visto la cara de odio de la policía y he cerrado los ojos,
he levantado los brazos y he sentido rabia.
He estado en los Altos del Golán, he visto un país invadido y he regresado ofendido.
He visitado los “Santos Lugares” y no me he sentido turista, ni cristiano, ni judío,
ni musulmán, sólo humano.
He oído rezar, pero no he podido.
He atravesado el barrio ultraortodoxo y he salido sucio.
Me he bañado en el Mar Muerto y he salido vivo y limpio.
Me han hecho tener miedo, he querido no tenerlo, pero no sé si me han podido.
Me han pedido boicotear productos israelíes y pido el boicot
He visitado una universidad, un teatro, un cine, mercados, zocos…
y he visto que hay vida.
He estado con organizaciones donde trabajan israelíes y palestinos luchando
juntos y he creído en el FUTURO.
He visto a gente sonreír y me he reído.
He visto preciosos murales de colores y banderas y me han encantado
He visto a mucha gente esperanzada y tengo ESPERANZA.
He oído contar sus sueños de futuro y sueño.
He oído gritar y voy a seguir GRITANDO.
Escrito por viajepalestina el 29/07/2010 09:38 | Comentarios (5)